26
Mar 13

La última mirada de Jesús

Qué pasaría por la cabeza de Pedro, el primer Papa, al comprobar la mirada de Jesús cuando le negó la tercera vez, camino del juicio de Pilatos. Seguramente sus miradas se habían cruzado muchas veces a lo largo de los tres años en que compartieron su vida. Pero esta fue la última, e hizo que se apartara y llorara amargamente, porque Jesús se lo había anunciado, antes de que el gallo cante me negarás tres veces. Cuánta comprensión, cuánta emoción, cuánto cariño en ese último cruces de mirada. Y seguro que dolor, pero ni un reproche, porque como escribió Pablo, el amor  no lleva las cuentas del mal. Quizá por la cabeza de Pedro pasaron esos últimos años. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Igual que ahora a Francisco.

Son las caricias de Jesús. Son sus miradas que se reflejan a lo largo del Evangelio y que los cristianos volverán a comprobar esta Semana Santa, como la que cruza con su Madre, María, camino del Calvario, o la mirada a Juan desde la Cruz, al que encomienda a su Madre. O la mirada a las mujeres, aquellas que no estaban consideradas en una cultura como la judía entonces. Jesús mira a la Samaritana, de la que tantos se apartan en el pozo de Sicar, y entabla con ella una valiente conversación, todos sus discípulos se sorprenden de ver a su Señor con una pecadora; al poco tiempo, es el único que cruza la mirada con la mujer adúltera, y cuando son muchos los que quieren lapidarla, simplemente les dice que quien esté libre de pecado tire la primera piedra, y todos se marchan. Jesús cura a la suegra de Pedro, a la hemorroisa, a la hija de Jairo. Se compadece de la viuda de Nain, y mantiene una amistad excepcional que Marta y María, las hermanas de Lázaro.

Y a Zaqueo, al que le hace bajar de un sicomoro para hospedarse en su casa, y acaba convencido de que tiene que entregar la mitad de su fortuna a los pobres. Seguro que este publicano no alejó los ojos de Jesús durante toda la visita ¡Qué mirada la de Jesús para alcanzar su conversión!  Y al paralítico al que sus amigos le suben por el tejado para descolgarle en medio de Jesús y que se produzca el milagro. Y cura al enfermo de la piscina que no tenía quien le mirara cada vez que bajaba el ángel a remover el agua. Y al ciego que no ve pero observa en su interior y sale gritando tras acontecer el milagro.

Pero junto a la de Pedro, que luego moriría mártir como el resto de los apóstoles, está también la mirada de un joven, rico dice el Evangelio, que parece una mirada de cariño porque le pregunta al Maestro que ha de hacer para alcanzar la vida eterna. Por las respuestas iba por el buen camino y seguro que Jesús le mira con ternura y le pide lo mismo que a Zaqueo, porque es exigente: vende cuanto tiene y dalo a los pobres. Pero el joven, que podía ofrecer una respuesta, se aleja y apaga su mirada, se retiró entristecido.  También hubo miradas con ira, como la dirigida a los fariseos, ira por la falta de humanidad con el pretexto de observancias religiosas. Una mirada motivada por la desazón y por la ausencia de corazón de sus contemporáneos. Como los mercaderes del templo.

El nuevo Papa también ha seguido la mirada de Jesús, así lo anunció en sus primeras palabras en su mirada a la Creación, en una visión franciscana en relación con la naturaleza, que al Hijo de Dios le hace admirar la belleza de los lirios, el volar de las aves, la variedad cromática de los cielos.

Pero sobre todo, cómo miraría Jesús a su Madre María, para ella fue también su última mirada desde la Cruz.


19
Mar 13

Pagar por la información

Este fin de semana se celebraba en Huesca un Congreso de Periodismo que se ha afianzado ya en las citas anuales sobre la profesión. La semana anterior, el encuentro sobre Comunicación tenía lugar en Burgos, un Congreso #iRedes que versa fundamentalmente sobre nuevas tecnologías y redes sociales, que avanza ya hacia su cuarta edición,  y que además del medio millar de asistentes se multiplicaron por treinta las personas a través del streaming en internet. En los dos foros, los protagonistas, tanto periodistas como emprendedores de compañías digitales, o directores de medios en internet (caso de eldiario.es, infolibre.es o elconfidencial.com ) abogaron por la necesidad de que los usuarios, los lectores, deben pagar por la información, ya sea a través de convertirse en socios de la empresa editora como es el digital del burgalés Ignacio Escolar (diario.es ha llegado a los cuatro mil), lo que vienen a ser los suscriptores de un periódico impreso; o por medio del pago por la descarga de los ejemplares a través de diversas plataformas, como lleva tiempo ocurriendo a través de Kioskoymás, Orbyt o con la reciente aplicación creada por Diario de Burgos.  Las dudas surgen al ponerle precio a esos contenidos.

Los ingresos por publicidad en los medios llamados tradicionales ya no serán lo mismo que  hace unos años. Desconozco las cuentas de los diarios de papel, pero me temo que muchos de ellos estén viviendo en la cuerda floja, en números rojos, al caer también la publicidad institucional de una forma exponencial. Durante mis años en Diario de Burgos pude comprobar que el hecho de llegar a algunos puntos de venta alejados de la provincia sabíamos que era deficitario, aunque se vendieran todos los ejemplares que allí se depositaban, pero los principios del propio periódico obligaban a estar presentes en todos los rincones. ¿Se podrá mantener así cuando internet ya llega, y el ahorro de distribución y venta es grande a pesar del hábito de los lectores a ‘tocar’ su periódico de papel? Ahora, además, muchas veces, la dificultad procede de los kioskos que van desapareciendo porque no el negocio disminuye y hay que recurrir a otros establecimientos comerciales.

El asunto, como comentaba, es acertar con la cantidad que los lectores están dispuestos a pagar, y en eso se lo juegan las empresas periodísticas. Y, sobre todo, en mantener la calidad de la información, la que exige el oficio del periodismo, el contraste, el respeto a las fuentes, la búsqueda de la verdad, la investigación. Desgraciadamente, con más de 40.000 licenciados en paro, y con una desproporción tan grande entre la oferta y la demanda en el trabajo, la dignidad de los propios periodistas cuesta más mantenerla y solo el rigor, la profesionalidad y el trabajo podrán salvarla.

Siempre he pensado que lo que se pagaba en el kiosko por un ejemplar de un periódico era excesivamente poco. Y aun así, los lectores se agolpan en la barra de los bares para esperar su turno. Prefieren un café a 80 páginas de droga dura de información por el mismo precio. Hasta los diarios deportivos, seguidos por forofos, ven cómo se van trasladando sus lectores del papel a la red. A la empresa periodística lo que le ocupaba realmente no hace mucho tiempo era el impacto de los anuncios –el número de lectores por ejemplar-, porque los ingresos publicitarios dependían de ello, y no necesariamente la venta directa. Ahora, esos ingresos por la venta son básicos en relación con los publicitarios, y de ahí que estén buscando cuál es el nuevo modelo de negocio que muy pocos todavía han encontrado a través de la web. Pero todos debemos sensibilizarnos que una información de calidad exige un coste. Las tertulias de las radios y las televisiones, por ejemplo, se nutren todavía de lo publicado en los medios escritos. Los periodistas, comemos, dormimos bajo techo, viajamos, trabajamos muchas horas, y no solo a cambio de la firma, también hay detrás familias, hijos y vida.

Creo en la prensa escrita, ya sea en papel o a través de las numerosas plataformas digitales del mercado, porque nuestra curiosidad se remonta más allá de los primeros sapiens. Pero creo también en que esa prensa solo se mantendrá con buenos periodistas, con vocación, sí, pero también con recursos para luchar de forma independiente en un mundo en crisis. Y quizá suponga una revolución que más tarde o más temprano habrá que afrontar. Quizá las grandes corporaciones se vayan sustituyendo por empresas más pequeñas y ajustadas, pero no nos olvidemos, que en medio de toda la vorágine siempre existirán las firmas de aquellos periodistas que nos son referencia y a los que solemos acudir, y el trabajo de un equipo, de una redacción, que le da solidez y veracidad al medio.


14
Mar 13

La antipolítica

Que un comediante se coloque como el tercer partido más votado en Italia, le convierte ya en antipolítico para la mirada de muchos observadores y medios de comunicación.  ¿Se imaginan si Jordi Évole preparara una candidatura y los resultados no difieren de los de Grillo en Italia, sería también un antipolítico? Desgraciadamente para muchos, Évole no parece que prepare su desembarco en las urnas, ni Buenafuente –al  que tendremos esta semana en Burgos en iRedes-, ni Leo Harlem. Los tres son el sentido común andante y parlante, y por eso quizá recibirían un buen número de apoyos si decidieran incorporarse a la carrera política. Italia es diferente, allí todos se lanzan y siempre ha salido adelante con cualquier resultado electoral. Y los italianos, que son tan listos como los españoles, han votado lo que han querido, y no han querido de nuevo a los partidos tradicionales gobernando.

Aquí, en España, si hubiera elecciones anticipadas –Rajoy está tan convencido como Aznar de que tiene que llegar hasta el final de la legislatura- a buen seguro que aunque pudiéramos esperarlos, nos sorprenderíamos de los resultados de los comicios. UPyD que es el partido que al no gobernar está más limpio podría verse beneficiado de la caída del PP y del PSOE. El actual Gobierno asegura que está haciendo todo lo necesario para recuperar la confianza económica, pero que el empleo no llegará previsiblemente hasta 2015, precisamente el año en que el 20 de noviembre tocaría la nueva convocatoria electoral. Faltan todavía dos largos años de travesía en el desierto para seis millones de parados españoles. Por otra parte, el principal partido de la oposición ha recibido golpe tras golpe en las elecciones recientes autonómicas, y solo la bajada del centro derecha ha frenado ligeramente su descenso.

En este maremágnum, he tenido ocasión de leer de nuevo el discurso de Juan Vicente Herrera ante los dirigentes del Partido Popular de Castilla y León. Ha sido claro. Mano dura y «respuestas contundentes» fue lo que reclamó ante la «sombra de sospecha» que los ciudadanos han extendido hacia la clase política ante los últimos casos de corrupción. «El reproche de la calle –insistió-  no es un invento, y no vale sólo con conectar estos casos, hay que dar la cara».

«Es difícil en estos momentos mantener la mirada de vecinos, amigos y paisanos que siempre nos han respaldado, e incluso teniendo la conciencia tranquila, por lo que no hay que tener miedo a entrar en el debate de la regeneración». Por este motivo, aseguró que es «momento de coraje», de «dar lo mejor de cada uno», de «reivindicar el carácter honesto, ejemplar y noble» de los dirigentes de este partido, incluso reconociendo que puede darse el «desánimo y la desmoralización».

Lo que ocurre es que cuando escuchas el mensaje y te vienen a la memoria precisamente algunos de los dirigentes de cualquier partido, la desilusión del ciudadano vuelve a aflorar.  De ahí que resuene la palabra Regeneración. Quizá sea la voz mágica que ha pronunciado el presidente de la Junta ante sus correligionarios la que devuelva a los políticos la autoestima. Pero la regeneración implica cambio. Y un cambio que debe ser impulsado desde los propios dirigentes de una formación política. Quien de el primer paso a buen seguro se habrá ganado el favor de muchos ciudadanos. Pero ese paso exige también sacrificio. Y de eso no están muy duchos la mayoría de los dirigentes públicos de este país.