Presión asistencial

Hace unos años un médico que ejercía en Palencia, en un centro de salud, me describió lo que era la presión asistencial, aunque no hacia falta. Solo verle la cara a primera hora de la tarde, tras recibir entre 50 y 60 pacientes diarios, era evidente. Otro médico de atención primaria, también hace algún tiempo, me estuvo describiendo la campaña de los 10 minutos entre paciente y paciente; porque en cinco minutos, ni se valora, ni se diagnostica, ni se dignifica casi al enfermo, y en aquel momento en ese corto espacio tampoco había posibilidad de escribir las recetas. Hubo una campaña entre los facultativos y la población, pero no se consiguió el objetivo de ese aumento de tiempo.
Han cambiado algunas cosas, como por ejemplo la libre elección de médico -hasta un tope- o la receta electrónica que ha hecho a los doctores limitar estas funciones y dedicarse más a los enfermos, aunque siguen acaparando tareas administrativas, y ello si no se cuelga un programa informático, un tal ‘medora’ que de vez en cuando hace de las suya.
Pero siguen siendo 5 los escasos minutos que la administración ‘casi obliga’ a los médicos para estar con sus pacientes. Y resulta que la mayoría de ellos no solo dedican 5, sino 10 ó 15, con el consiguiente retraso para los que esperan y sobre todo el número de horas de trabajo en aumento para aquellos que vigilan nuestra salud. Ocurre que el que espera como sabe que cuando le toque a el le van a dedicar la misma atención que los anteriores se abstiene de protestar.
Resulta que uno de los datos que ofrece el recién creado portal de transparencia del Sacyl es la presión asistencial de los médicos, y la media en las zonas urbanas está en 41,85 pacientes con lo que algunos estarán por arriba y otros por abajo. En el medio rural baja a 24,33 pero aquí habría que sumar el tiempo de desplazamientos.
42 pacientes al día me parece una cifra nada desdeñable. Es más, me parece exagerada. Es cierto que la media en que frecuentamos el médico de familia en la capital es casi 7 veces al año. Conozco muchas personas que apenas van, así que otros doblarán con creces esos datos. No he mirado a ver si podía acceder a la media de edad, pero suele ser alta. Ya se sabe que a partir de los cincuenta años si no duele nada cuando uno se levanta es que está muerto.
El médico de familia en cuanto recibe la lista de pacientes que tiene esa mañana o esa tarde tiene que pensar lo primero que debe poner buena cara al menos a cuatro decenas de personas, que no vendrán precisamente ellos con la mejor disposición del mundo porque algo les dolerá. Luego intentar averiguar el origen de su mal para no derivarlo al especialista, y en último caso adaptarlo a la receta electrónica. Y todo ello está pasando también con las enfermeras encargadas de otras tantas labores sanitarias. Tenemos en España una buena sanidad, entre las mejores de Europa, pero a costa de qué.

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