40 años de Orégano

Uno de los primeros conciertos a los que asistí en Burgos, a los pocos días de mi llegada, era de un grupo folk, que cantaba canciones reivindicativas, que pedía un himno para Castilla, que lamentaba que el tren directo -y han pasado lustros- no funcionaba, y hasta dedicaba una de sus obras al Diario de Burgos, dentro de una crítica simpática.

Me gustó y hasta le dediqué una columna en el periódico: ‘Chucuchucuchu’. Ahora llegan a los 40 años, después de varios parones, y están preparando un concierto conmemorativo, bastante especial, para las Navidades. Precisamente cuatro décadas que celebra también un grupo como Mecano que ha sido un icono para varias generaciones, y cuyas canciones todavía se corean en sus musicales. Curiosa coincidencia.

Llegar a 40 años solo lo hacen los grandes, aunque no haya mantenido a todos sus componentes, porque la voz no siempre es la misma, y las ocupaciones laborales tampoco; pero en este concierto de Orégano algunos de los hijos de los músicos y cantantes tomarán el relevo de los ausentes.

A buen seguro el Principal se llenará de nostalgia, de esa que llena Castilla, pero también volverán a oírse las voces de una tierra que debe seguir reivindicando. Y a alguno se le escapará una lagrimilla escuchando de nuevo Soy de Burgos o Somos castellanos.

Porque es verdad que falta un himno a este territorio del que surgió España y nuestra lengua. A esta Castilla legendaria y heroica. Como el que compuso Antonio José en 1929 que todavía se escucha de vez en cuando. Precisamente Orégano le dedicó uno de sus discos a este insigne poeta burgalés. Un himno puede llevar a aumentar la autoestima, tan necesaria en ocasiones. No tengo más que recordarles como a los asturianos se nos pone la carne de gallina cuando en los premios ahora llamados Princesa de Asturias, centenares de gaitas tocan el Asturias, Patria querida al inicio del acto. Es el momento más emocionante.

Orégano lleva himnos en las letras de sus canciones, algunas tomadas de poetas de estas tierras, otras creadas por ellos. Lleva emoción y traslada sentimiento. Les ha costado, sin duda, volverse a encontrar para tocar. A medida que pasa el tiempo, la tranquilidad se convierte en miedo escénico. Lo ha confesado el propio Springsteen en su último libro, el que llena estadios, también se siente inseguro.

De ahi mi aplauso a los 7 que iniciaron Orégano, a los cinco que estarán en el escenario del Principal el 30 de diciembre junto a sus hijos y algún familiar más, a los que se suman de fuera, a los que bailarán en el patio de butacas o en los palcos, a los que pedirán bises para escuchar algunas de sus canciones que perviven en la memoria histórica de Burgos. Gracias por no hacernos olvidar que esta tierra merece más de lo que tiene, pero que ello depende de los propios ciudadanos que la habitan, para que no nos roben ni el origen de la lengua.

Publicado en Diario de Burgos el 17 de octubre

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