Azules y rojos

Disculpen que les cuente brevemente una historia familiar, mejor dos. Una, la del hermano de mi abuela, Epifanio Sierra, un joven nacido en un pueblo del norte de la provincia de Palencia: San Martín de los Herreros. Que quiso ser Pasionista y que el 21 de julio de 1936 vivía en el convento de Daimiel. De ahí le sacaron junto a 25 compañeros suyos, todos muy jóvenes -Epi tenía 20- y les ‘pasearon’ durante bastantes horas hasta que les subieron a un tren, les volvieron a bajar y en unas horas les fusilaron a todos.
La otra historia es la de Deme, el abuelo de uno de mis mejores amigos. Durante la contienda civil mantuvo su pequeña vaquería en el norte de Asturias, que dio de comer a soldados de uno y otro signo, pese a ello nadie salió en su defensa y el abuelo de mi amigo Gonzalo también acabó en una cuneta por alimentar a los vencidos y salvar vidas ayudando a algunos a huir.
Epifanio y Deme solo hicieron el bien. Eran hombres buenos. Como cientos que acabaron como ellos y que merecen una memoria digna. Tanto Gonzalo como yo nos enteramos de la vida de nuestros antepasados ya con más de 30 años. Supongo que nuestros padres quisieron que olvidáramos una etapa de la historia de España que nos enfrentó y que todavía no ha sido superada. Yo me enteré de la corta vida de mi tío abuelo porque le beatificaron junto con varias decenas de mártires de la Guerra en Roma. Gonzalo por el homenaje que le hicieron a su abuelo los viejos republicanos. No pude ir a la beatificación -fueron mi madre y mi hermana- pero sí al homenaje. Estoy seguro que si Epi y Deme se hubieran conocido se habrían hecho buenos amigos. No había odio en su vida que les apartara del otro y su fin era ayudar a los demás.
Sin embargo, han pasado casi 80 años del final de ese maldito enfrentamiento y algunos siguen insistiendo en azules y rojos, en nacionales y republicanos, cuando ya estamos llegando al final de las ideologías, al menos como las conocemos hasta ahora.
Aunque España siempre ha sido tierra de bandos. Unos a un lado y otros al contrario: moros, comuneros, afrancesados, carlistas, monárquicos y republicanos, nacionalistas… Por poner unos ejemplos. Lo llevamos en los genes. Quizá tantos intentos de conquista nos hizo elegir a lo largo de nuestra historia. Pero me cansa.
Confieso que soy creyente, y respeto mucho a los que no lo son y me respetan a mi como yo lo hago con sus ideas y sus personas ,por eso es fácil imaginarme a Epifanio y a Deme en el cielo junto a un porrón como dos buenos amigos junto a mis abuelos y el resto de abuelos de Gonzalo.

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