Gracias, Urkullu

El PNV está haciendo lo que cree que debe hacer, teniendo en cuenta su bagaje nacionalista y el interés de sus conciudadanos. Ojalá nuestros diputados y senadores, los de Castilla y León, ahora del PP antes del PSOE, según estuvieran gobernando, tuvieran el peso suficiente dentro de sus partidos para lograr más inversiones estatales para este territorio. A veces apelar a la solidaridad entre provincias más parece una justificación que un objetivo.
Pero ha tenido que llegar el PNV y sus conversaciones sobre los Presupuestos Generales del Estado para que por fin el ministro de Fomento -que nos quiere tan poco como lo mucho que cree Lacalle que nos quiere- ponga una fecha para la terminación de la alta velocidad entre Burgos y Vitoria, el 2023, al menos habrá calmado los ánimos de los vascos, pero muy lejos de lo que va a ser la realidad, cuando en Burgos no llegará hasta el próximo año y deberían haber estado finalizadas hace más de un lustro.
Y que altos cargos del gobierno de Urkullu apuesten por el tren directo para mercancías entre Burgos y Madrid, que en su caso la línea llega hasta Irún y no precisamente con el mejor estado de salud, porque ahorra tiempo y dinero en el transporte. Todos los estudios realizados lo afirman y el que tiene la Diputación provincial pendiente de entregar al ministro de la Serna seguro. Nuestra salida natural ferroviaria es hacia Bilbao y hacia su puerto y hacía allí nuestras miradas. Estos dos asuntos que reclama el País Vasco hace que podamos atisbar al menos algo de luz al final del túnel.
Los miembros de la Plataforma del Tren Directo -ya he destacado en esta ‘Página Par’ en otras ocasiones su encomiable trabajo- ya han mostrado también sus cartas para el presupuesto: dinero para al menos ir arreglando el túnel que podría acabar derrumbándose, son más de diez millones de euros, y dicen que todos los partidos están de acuerdo, al menos en conversaciones con cada uno de ellos. Veremos quién presenta la propuesta en el Congreso y quién la vota favorablemente, si es que llegamos a esa situación en el Parlamento. La cantidad es accesible y se podría acometer este trabajo.
Los empresarios de Burgos, Aranda y Miranda, que son los que generan empleo, reconocen que les vendría muy bien la apertura de esta línea. La han dejado hundir los políticos y costará más la reparación que el mantenimiento. De la Serna hasta ahora aducía su falta de rentabilidad. Si fuera por eso, el 90 por ciento de las líneas ferroviarias españolas estarían ya cerradas, y muchas empresas públicas también. Pero probablemente una empresa privada podría obtener esa rentabilidad que tanto se pide. No entiendo mucho de trenes, aunque como muchos españoles tuviera una abuelo ferroviario al que no conocí, quizá por eso miro estos dos proyectos con cercanía.

Columna publicada en DB el 8 de mayo

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