Tierra Santa

Así como los musulmanes parece que se han tomado en serio acudir a La Meca al menos una vez en la vida, y a ser posible en alta velocidad, gracias al protectorado que ejerce Arabia Saudita; los católicos deberían al menos viajar a Tierra Santa y pisar los caminos de Jesús para conocer en vivo el ‘quinto evangelio’. Allí, en Galilea, en Jerusalén, en Belén, en Jericó, en el Jordán o en decenas de localizaciones hallarían las huellas de quien para los cristianos es el Hijo de Dios, en una Tierra, que debería ser el paradigma de la paz.

Pero pareciera que no puede haber paz sin contradicciones, y de ello saben muchos los Custodios de los Santos Lugares, los Padres Franciscanos, que son los que velan por el mantenimiento de aquellos territorios, y en cuya comunidad ha habido siempre burgaleses en puestos de responsabilidad. Monjes a quienes les preocupa su posible continuidad en un país dividido en dos, y en donde conviven representantes de numerosos ritos, y en algún momento puede llegar a coincidir, por ejemplo, la Semana Santa católica, ortodoxa o judía.

Es ahora el presidente de EEUU quien parece querer alterar una supuesta estabilidad que casi siempre es insegura, y que cualquier acción de un iluminado puede romper. Trasladar la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén llevará años, pero ha sido más el impacto del anuncio que la propia mudanza, lo que ha generado la protesta entre los países árabes, que consideran a la Ciudad Santa su capital.

Palestinos –en su mayoría musulmanes, porque los cristianos están también sufriendo su propia persecución- y judíos no tienen fácil el encuentro, pero bien saben que aquello que ocurrió en su suelo hace más de 2.000 años es motivo de la llegada de miles de peregrinos a lo largo de todo el año y que se multiplicarían si tuvieran certeza de que estarían seguros, a pesar de las patrullas del ejército israelí que asoman en cualquier esquina. Porque Israel es ya un Estado en guerra. Así lo conciben la mayoría de sus ciudadanos, que tampoco abogan por encontrar una alternativa real a la situación en que se encuentran y desplazan a los árabes a los confinamientos ‘legales’.

Mientras tanto, en Belén, una ciudad rodeada por un muro de vergüenza y odio, allí se volverá a rememorar el 24 de diciembre el nacimiento de Jesús, que vino a traer paz al mundo aunque muchos continúan sin comprenderle.

 

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