Ni miramos

Iñigo de la Serna, Ana Pastor, José Blanco, Magdalena Álvarez, Cascos, Arias Salgado, Borrell, Barrionuevo, Abel Caballero, Sáenz de Cosculluela, Enrique Barón, Julián Campo, Luis Gamir, Luis Ortíz, José Luis Álvarez, Sancho Rof, Sánchez Terán, Lladó, Garrigues y Calvo Sotelo. Todos estos nombres han sido políticos representativos de nuestros años de Monarquía. Alguno llegó a ser presidente del Gobierno o vicepresidente. También han destacado en sus partidos, el PP (antes AP), el PSOE o UCD, lo que supone que hubieran logrado lo que hubieran pedido. En algún caso es cierto que las herencias que recibieron estaban envenenadas.

Pero todos tienen una faceta en común, o dos, la de haber sido ministro de Fomento durante los últimos cuarenta años. La segunda, la de haber mirado al otro lado cuando han oído el nombre de Burgos en sus despachos. Incluso han llegado a dejar herencias insalvables como la de Arias Salgado con Álvarez Cascos en relación con el desvío del ferrocarril, y lo relativo a su financiación y la negación de realizar el soterramiento.

Parece mentira que una provincia que se encuentra en el nudo de comunicaciones de la mitad norte de España, clave en las vías entre España y Francia, eje entre el norte y sur de Europa y con un tráfico potente, asuma un déficit difícil de explicar, quizá por ello nos han visitado tan poco los responsables de Fomento, y cuando lo han hecho la mayoría de las veces han sido comparecencias sin posibilidad de preguntas.

La A1 ya se comenzó a construir en los años 60 y ha tenido un lavado de cara a finales del pasado siglo. Pero esta vía tendría tres carriles en cualquier país de la Europa occidental. De la AP1 para qué vamos a hablar, cuándo los ciudadanos se preguntan sobre por qué se ha ido aumentando la concesión, la respuesta no convence. De autovías nos resta la del Camino de Santiago, pagada en este caso por la Junta de Castilla y León. Ir a Santander o La Rioja de igual manera forma parte de un sueño que no se cumplirá en los próximos años.

Del tren, mejor no escribir. Circulan estas semanas por las redes sociales las imágenes del primer viaje del famoso tren directo, con los mismos argumentos que se utilizan ahora. La vía antes del directo obligaba a tardar 7 horas entre Burgos y Madrid, después ‘solo’ 3 horas. Perder esa vía debería ser innegociable. Sobre todo en el caso de las mercancías. Pero parece que ahora solamente buscan rentabilidad en un único trazado en toda España. Veremos que nos dice el ministro definitivamente y qué responden los políticos. A mediados de este año iremos conociendo los candidatos locales y regionales y de sus aciertos o errores dependerá el voto en las urnas.

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