Pablo y Magdalena

Esta semana la vida de Pablo de Tarso y de María Magdalena han sustituido en los cines a las historias que nos contaban en ‘Ben Hur’, ‘La túnica sagrada’, ‘Quo Vadis’ o la más reciente ‘La Pasión de Cristo’ en donde su director, Mel Gibson, hace revivir a los espectadores esos tres días con miradas al pasado y en idioma original, el arameo. Una película duda, pero verdadera en lo que pretende.

Ahora, en estos días de Semana Santa, nos acercan a la vida de una de las mujeres que vivió la Pasión más cerca de Jesús, según relatan los Evangelios, cuando todos los hombres, menos Juan, habían huido, ellas aguardaban, junto a su Madre, al pie de la cruz o frente a la cueva donde fue depositado.

Pablo, en cambio,  conocía a Cristo de referencia, mientras perseguía y lapidaba a los primeros cristianos, hasta que se convertiría en el apóstol de las gentes y sus viajes se multiplicaron, como reflejan los Hechos de los Apóstoles. Un auténtico relato de dificultades movido por la fe de su conversión.

No he visto las películas que cuentan la vida de Pablo y Magdalena, ahora en los cines, sustentos para Jesús y para los apóstoles, pero sí leído el Nuevo Testamento donde reflejan la importancia de estos dos personajes para el cristianismo y el ejemplo de lo que supone un Dios que perdona. Probablemente son historias estas más vitales y personales, que las que representan las grandes cintas épicas de la historia del cine, de gran duración, y costeadas por los grandes estudios.

Esta Semana Santa, en Burgos se repiten las tradiciones desde el pasado viernes hasta el próximo domingo. Hay nuevas procesiones, en las que los protagonistas son las mujeres y los niños. Hay música que suma y silencio que acongoja. Hay encuentros esperados y miles de personas contemplándolos no solo en la capital sino también en la provincia. Hay escenas vivientes y Judas perseguidos. Hay ángeles que vuelan y palmas al aire. Hay Vía Crucis penitenciales, lugares de arrepentimiento: siempre hay motivos para ello, y procesiones en el interior de la Catedral. Hay alegría en María cuando suenan las campanas de la Resurrección. Y, como siempre, Jesús está presente en el corazón de muchos cristianos.

No tenemos carreras de cuádrigas, ni persecuciones, ni crucifixiones . Pero hay penitencia en silencio, con personas descalzas, arrastrando una cruz durante las horas que dura el camino.

A todos los que participan en la Semana Santa, sean creyentes o no, gracias. Hay días al año en que necesitas reflexionar en silencio.

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