Música

Con la música clásica me ocurre lo mismo que con el vino. No lo aprecio. Y salvo contadas excepciones, me sabe casi todo igual, y además, en el caso del caldo, no me gusta.

El último concierto al que asistí en el Teatro Principal fue una invitación que hice a mis padres hace unos cuantos años con motivo del Estío Musical Burgalés y si mal no recuerdo, Rafael Frühbeck dirigía la Novena Sinfonía de Beethoven a una orquesta cuyo nombre no me viene a la memoria. Disculpen por ello. Pero era tal la ilusión que le hacía a mi padre, ya mayor y con dificultad para el movimiento, ver en directo al maestro burgalés que a mi me daba lo mismo el director, la orquesta y el lugar, solo me bastaba contemplar a mi progenitor. Pese a la pasión de mis padres por la música, no me contagiaron, y eso que he tenido oportunidades de disfrutar de los grandes. Quizá no olvidaré la primera ópera de la que disfruté en el Liceo de Barcelona, en la inauguración de una temporada a la que asistía la Reina, y a la que fui por motivos laborales –seguía entonces la información de la Casa Real-. Me sorprendió la obra, y me gustó.

Ahora, durante unas semanas, vivo rodeado por los maestros de la principal orquesta de Castilla y León, la OSCYL, y una de las mejores de Europa. 80 profesores que viven con pasión la música y que disfrutan y hacen disfrutar con lo que hacen. En Burgos actuarán el 10 de julio en la Plaza Mayor, en un evento que hubo que suspender el año pasado por la lluvia, y el 20 de julio en el concierto que dará en la Catedral, junto a casi 100 voces, con motivo de los actos del VIII Centenario de la seo, la única por cierto en toda España que tiene el título de Patrimonio de la Humanidad. Además dos ensembles de la Orquesta, como ha ocurrido otros años, actuarán en dos localidades burgalesas del Camino de Santiago este verano de los seis conciertos en total que ofrecerán. Cuatro oportunidades para verlos en apenas dos meses, si es que no se apuntan al concierto sinfónico que ofrecerán junto a Santiago Auserón el próximo 1 de junio en el Fórum Evolución.

Burgos siente pasión por la música, ya he escrito en alguna otra ocasión que lo mismo ocurre con el baile y la danza, contamos también con una Orquesta Sinfónica y una Joven Orquesta, que entre los dos pueden sumar 10 conciertos al año casi por amor al arte, en el segundo caso buscando fiestas que no impidan asistir a clase a la mayoría de sus miembros. Bien merecerían un poco más de ayuda las dos formaciones. Mucha culpa de ese amor por la música lo tiene sin duda el Conservatorio Profesional, pero también la Escuela de las Bernardas y la Escuela Profesional de Danza.

Burgos es sin duda la capital industrial de la región, es una capital gastronómica, incluso turística, pero su impulso artístico, a muchos niveles, incluido el musical, es digno también de destacar, por no hablar del baile y la danza que ya he citado en otras ocasiones. Si hasta el Himno a Burgos, como escribía la semana pasada, ha triunfado.

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