Aquellas pequeñas cosas

No se si ustedes tienen un poeta, un cantante o un músico de cabecera. Yo tengo tres en uno. Mi vida han sido sus canciones, sus letras, su armonía. Y ahora que anda de gira por el mundo precelebrando los cincuenta años de su disco Mediterráneo –el mejor de todos- bien viene recordarlo. Casualmente en 2021 cumplirá ese aniversario.

Joan Manuel Serrat hizo además que conociera a Machado, que leyera a León Felipe y que me apasionara con Miguel Hernández, de quien compré sus obras completas para hacer un trabajo en octavo de EGB, ante la sorpresa de mis padres, que desconocían mis gustos literarios.

El cantautor me llevó también a otros dominios y siempre lamenté tener un oído enfrente del otro, como decía mi madre, para no poder cantar como me hubiera gustado, lo que me hizo admirar a mis amigos, que como Serrat, cogían la guitarra al hombro y cantaban sus composiciones. Y además tenían éxito entre todo tipo de público. Algo que envidiaba

Luego, el ‘nano’ se junto a otros por los que  también profesaba entusiasmo, como Víctor Manuel o Joaquín Sabina, creadores como él,  y compartieron canciones o se hicieron giras históricas.

Posiblemente, también me he dado cuenta con el aniversario de Mediterráneo, Pueblo Blanco, Vagabundear, Lucía o Aquellas pequeñas cosas… que nos vamos haciendo un poco mayores. Que han pasado varias décadas desde que no sé cómo llegó a mis manos ese LP de Joan Manuel, probablemente un regalo de mi padre, a pesar de que no compartiera mis gustos. De la foto que me hice con él poco antes de un concierto en Burgos gracias a Ricardo Ruiz, de la Caja, y como pude mostrarle mi admiración. De como fui escuchando también sus composiciones en catalán y me emocioné con Paraules de amor, compartida por Montserrat Caballé.

Y su pasión por su mar, que hizo que también quisiese el mío, el Cantábrico. También me gustó una cosa, aún más si cabe, que estudiara en una Universidad Laboral, la institución a la que mi padre dedicó su vida profesional, y que tanto quería. Aunque no compartía sus ideas siempre se mostró orgulloso de que un antiguo alumno hubiera triunfado en sus objetivos. Y al final seguro que los guiños de Serrat con la copla le acercaron un poco a él.

Muchos hablan de su defensa de la lengua catalana, pero cuando comenzó a cantar en castellano, sufrió también los ataques como propios en un territorio no poco conflictivo. Siempre argumentó que también era su idioma, con una madre aragonesa.

Serrat anda ya camino de los 75. Y ahí está llenando auditorios, agotando las entradas meses antes de los conciertos. Aprovechando la vida hasta el último momento. Y agradeciendo a sus miles de fans su compañía. El gusto es nuestro.

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