Paleolítico Vivo

De nuevo he visitado Paleolítico Vivo, varias veces en estos últimos días. Llevaba tiempo sin hacerlo y me he encontrado con África, una bisonte nacida hace pocas semanas, o con uros también con apenas meses. Las vacas peludas de Escocia se han aclimatado perfectamente y parece también que ocurre lo mismo con los Tarpanes y los Przewalski, los únicos caballos salvajes que existen en la actualidad y que parecen sacados de las pinturas que algunos de nuestros antepasados realizaron en las cuevas de Altamira.

No quería escribir sobre la fauna del Paleolítico, que los grandes tipos de Sierra Activa están recreando en la comarca de Salgüero de Juarros, manteniendo también el ecosistema. Con mucho esfuerzo, con gran ilusión, y esperemos que con visión de futuro, sin apenas aportaciones económicas, ni de agentes privados ni públicos.

Durante este verano han tenido llenas bastantes de las plazas previstas para montados en un jeep conocer muy cerca a estas especies. Algunas como los bisontes europeos y los caballos Przewalski todavía catalogadas en peligro de extinción, pero que probablemente en no mucho tiempo se hayan logrado recuperar por completo. Los uros, a través de cruces genéticos, se han intentado recuperar como a sus antepasados, aunque todavía el éxito no ha sido alcanzado. Conociendo el afán de los promotores de esta ‘reserva’ seguro que nos sorprenderán con nuevas especies, probablemente más cercanas al Neolítico, en meses o pocos años. Hay que consolidar lo que ya está –y no es sencillo dado el presupuesto en el que se mueven-, buscar fuentes de financiación, y enseñar a los visitantes el entorno en el que podía transcurrir la vida de nuestros antepasados, con unos guías también entusiastas.

Salgüero de Juarros es un pueblo donde tratan fenomenal al visitante. Tiene una cantina donde además se almuerza o come muy bien. Y el entorno de la Sierra de la Demanda es un buen lugar para darse un paseo a pie, en bicicleta o en coche. Si todavía no ha estado en Paleolítico Vivo le recomiendo la visita. No es lo mismo que el Serengueti, evidentemente, son cinco las especies que lo habitan, hasta ahora, pero el bosque merece la pena, y si recuperan la producción de miel de brezo sería también excelente, pero son pocos los vecinos que también residen en invierno.

Es un ejemplo además de lo que se puede hacer en un entorno rural. Cuando muchos no hacen más que lamentarse porque el campo se abandona, la mayoría de ellos políticos que no encuentran soluciones, aquí hay unos ‘locos’ que se han empeñado en recuperar un espacio. La semana pasada incluso les acompañaron unas veinte personas en un plan de supervivencia en medio del monte, en cabañas de madera y tapados por pieles. Y los que se apuntaron no eran jovenzuelos de quince años, sino adultos ya de cuarenta. Es un ejemplo, pero algo está cambiando.

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