Respeto

Siempre, a lo largo de la historia, se ha perdido el respeto. Tienes que perderlo cuando tus objetivos son grandes. O ganártelo a pulso. Pero ahora hemos pasado de la pérdida del respeto al insulto. ‘Respect’ es lo que llevan los jugadores de la Liga de Campeones en sus mangas. Pero no parece que el mensaje de la UEFA haya calado mucho. No paramos de gritar y vilipendiar a cualquier deportista que esté en el campo y que haya fallado un gol o no parado un tiro. Los periodistas deportivos ahora lo llaman ‘runrun’. Las redes sociales han favorecido el ultraje y la injuria y han sumado el anonimato. El whatsapp se acumula con chistes y memes que nos hacen reír al tiempo que van degradando poco a poco la sociedad.

La falta de respeto llega a los presidentes de Gobiernos, desde Sánchez a Rajoy, que pese a haber abandonado la política este último hay programas de radio y televisión que todavía no parecen haberse enterado quién gobierna ahora. Merece cortesía un presidente de un gobierno, un primer ministro, un juez, o un obispo. Las ideas se combaten con ideas, no con ofensas ni con agravios. Me duele la facilidad de faltar a los Reyes, por asuntos nimios, o no considerar a las personas por su carácter y no por la falta del mismo. Eso no es sumisión, es tolerancia.

Ya solo admiramos a aquellos que han superado el millón de visitas en un vídeo de youtube y denostamos a los militares que se trasladan a países en conflicto para defender la paz. No hay respeto ni por los niños, ni por los ancianos, millones de ellos viven en soledad porque sus descendientes no les atienden. No nos conmovemos ya por nada y menos admitimos algo que pueda suponer deferencia, obediencia  o cortesía. Por no hablar de lealtad, vilipendiada por muchos, vejada por otros. La difamación está a la orden del día. Todavía hay ciudadanos que intentan separar lo que es verdad o mentira en muchas de las acusaciones. No hay respeto ni a la libertad de expresión,  ni a la inocencia hasta que se demuestre que se es culpable. Siempre ha sido así, pero ahora únicamente los que tienen que demostrar algo son los acusados, cuando deberían ser los que acusan.

Y luego pretenden que los mejores accedan a la política, cuando no se tiene nada de respeto a los políticos. Muchos de ellos se lo han ganado, pero otros, más que los otros, todavía tienen en su vocación ese afán de servicio. No me gusta un país donde no se respeta, donde vencen los chulos del barrio, donde es más importante gritar que dialogar, donde se muere gente abandonada, porque la vida no vale nada.

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