Periodismo de papel

Me sumo a la solidaridad con los periodistas mallorquines a los que el juez ha pedido sus medios de trabajo habituales, para intentar conocer cómo se ha producido una filtración en una parte de un sumario que está investigando. Una de las pocas ideas con las que te quedas al final de la carrera de Periodismo es que las fuentes son sagradas, y nunca, nunca, debes sacarlas a la luz.  Otra es que para confirmar una noticia siempre debes buscar dos fuentes, no vale con una. La tercera era que no se plagia. La cuarta, el concepto de noticia como la publicación de algo que otros no quieren que se sepa. Y la quinta, si es que puedo resumirlas en cinco, la búsqueda de la verdad.

El resto, como decía mi tutor universitario durante los cinco años, Carlos Soria, era que  “la Universidad se hace en los pasillos”.  Ahí donde están tus fuentes habitualmente. Y sirvan estas líneas para al menos proponer una defensa a ultranza del periodismo de papel, del periódico de toda la vida. De los periodistas que trabajan en los diarios, que al final, salvo excepciones en radio y televisión, son los que publican verdaderamente noticias contrastadas, los que investigan –porque en principio las empresas dedican más recursos que otros medios de comunicación a estos fines- y de  los que se valen los tertulianos para opinar. Si no existiera la prensa del kiosco, ya sea material o digital, se acabarían las tertulias en dos días, porque no contarían con temas serios de los que hablar.

Evidentemente, la televisión es mucho más impactante, incluso a la hora de escuchar las declaraciones de un juicio, más que leerlas, o ver las imágenes de inundaciones, más que te las cuenten por la radio, que lo que si tiene en cambio a su favor es inmediatez. Cada medio tiene su fuerza. Y la información que queremos encontrar no es gratis, es fruto del trabajo y el esfuerzo de muchos profesionales. La crisis reciente, además, ha conseguido que las inversiones publicitarias hayan decaído y los ingresos de los periódicos tradicionales disminuyan. También es cierto que las suscripciones a los diarios, ya sea en papel o en formato digital, cuestan menos que un café o que un viaje en bonobús, pero todavía no se ha logrado implantar el valor de la información, quizá porque no toda la información sea suficientemente interesante o porque no nos hayamos acostumbrados a ello.

Pero muchas de las noticias que ustedes encuentran en las redes sociales proceden de  periódicos tradicionales, aunque es justo reconocer la cada vez más importante presencia de medios digitales exclusivamente. Y esas noticias las cuentan periodistas profesionales que comen todos los días y alimentan a sus familias. Y la curiosidad por la información nunca la vamos a perder. Tampoco admitimos, cada vez menos, que nos cuenten cuentos. Y ya que estamos, en vez de regalar una corbata o una colonia, por qué no regala estas navidades una suscripción a un periódico.

 

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