08
Abr 13

Felicidades Diario de Burgos

Ocupaba este mismo espacio hace un par de semanas para defender lo que entiendo una necesidad, pagar por la información que generan los medios de comunicación.  Bien es cierto, que hasta no hace mucho tiempo, el mayor porcentaje de los ingresos recibidos se conseguía gracias a las campañas de publicidad de los anunciantes privados, sobre todo en los periódicos locales, pero estas empresas, muchas de ellas pymes, y en la mayoría de los casos familiares, están sufriendo las consecuencias de una crisis que dicen que parece que ya tiene una luz al final del túnel, pero en el día a día no hay apenas señales que la muestren.

Otros de los anunciantes eran las Cajas de Ahorros tradicionales, que ahora en nuevos grupos bancarios esperemos encuentren su proceso de asentamiento. Están también las marcas de automóviles, las centrales de distribución y hace tiempo todavía podíamos comprobar páginas y páginas de anuncios por palabras que han encontrado en internet su verdadero negocio al poder ofrecer a través de esa plataforma, imágenes, vídeos, respuestas directas, etc.

Diario de Burgos ha estado muy bien acompañado de todos ellos durante todos estos años, 122 cumple hoy, camino de los 125. Quiero hacer extensiva mi felicitación en esta página par que semanalmente me cede el Diario a los trabajadores de los medios de comunicación locales, no solo en Burgos y su provincia, sino en todo el territorio español.  Escribía también hace quince días que en todo este tiempo no ha sido valorado el trabajo que aportan los periodistas a la hora de que los consumidores vayan a los kioscos y gasten 1’20 euros en su periódico diario. Nunca nos ha importado pagar por una copa de vino esa cantidad tras una degustación de apenas minutos y siempre la sociedad se ha cuestionado el precio en la tapa de unas páginas que pueden ser leídas durante largo rato al calor del hogar en un buen sillón.

La proporción de ventas en Castilla y León es mucho menor que en todas las regiones del norte de España y el Levante, aunque superior a Castilla La Mancha o Andalucía, y por supuesto por debajo de otros países europeos. El periódico local le ha ofrecido siempre la información más cercana y les aseguro que la calidad de los medios de comunicación locales en España, a pesar en muchas ocasiones de su precariedad, es buena en relación con los de otros lugares. Es cierto que la competencia es permanente entre periódicos, radios, televisiones, ya sea impresos o en las ondas, o en la web. Y que una noticia de alcance local siempre debe merecer el punto de vista más cercano. Lo hemos visto en el seguimiento de la Plataforma de Afectados por los Deshaucios recientemente, con el caso de Teo en Burgos. Porque ya la globalidad ya pasado en convertirse en glolocal y todo nos afecta directa o indirectamente, desde las decisiones del Banco Mundial a los descubrimientos científicos o el nombramiento de un nuevo presidente en los Estados Unidos o en Italia.

He pasado buenos años de mi vida en Diario de Burgos, he dejado algunos amigos, buenos compañeros, y grandes profesionales. Son además periodistas que escriben, y escriben bien, e incluyo también enormes fotógrafos, diseñadores –de los mejores de España- , etc. Llevan unos cuantos años en ese proceso de transformación camino de un nuevo modelo de negocio, pero lo que nunca nos faltará a los que ahora estamos al otro lado de la barrera –provisional o definitivamente- es la curiosidad por conocer aquello que nos interesa, o que algunos no quieren que se conozca. Esa búsqueda la realizan los profesionales de la información. Y en Burgos, les aseguro, hay unos cuantos. Dónde les encontremos, bien sea  en un trozo impreso de papel o en la pantalla de una Tablet, con un diseño u otro, lo decidirá el futuro, al que a buen seguro seguirán adaptándose. Felicidades por estos 122 años.

Esta columna fue publicada en Diario de Burgos el 1 de abril de 2013

 


19
Mar 13

Pagar por la información

Este fin de semana se celebraba en Huesca un Congreso de Periodismo que se ha afianzado ya en las citas anuales sobre la profesión. La semana anterior, el encuentro sobre Comunicación tenía lugar en Burgos, un Congreso #iRedes que versa fundamentalmente sobre nuevas tecnologías y redes sociales, que avanza ya hacia su cuarta edición,  y que además del medio millar de asistentes se multiplicaron por treinta las personas a través del streaming en internet. En los dos foros, los protagonistas, tanto periodistas como emprendedores de compañías digitales, o directores de medios en internet (caso de eldiario.es, infolibre.es o elconfidencial.com ) abogaron por la necesidad de que los usuarios, los lectores, deben pagar por la información, ya sea a través de convertirse en socios de la empresa editora como es el digital del burgalés Ignacio Escolar (diario.es ha llegado a los cuatro mil), lo que vienen a ser los suscriptores de un periódico impreso; o por medio del pago por la descarga de los ejemplares a través de diversas plataformas, como lleva tiempo ocurriendo a través de Kioskoymás, Orbyt o con la reciente aplicación creada por Diario de Burgos.  Las dudas surgen al ponerle precio a esos contenidos.

Los ingresos por publicidad en los medios llamados tradicionales ya no serán lo mismo que  hace unos años. Desconozco las cuentas de los diarios de papel, pero me temo que muchos de ellos estén viviendo en la cuerda floja, en números rojos, al caer también la publicidad institucional de una forma exponencial. Durante mis años en Diario de Burgos pude comprobar que el hecho de llegar a algunos puntos de venta alejados de la provincia sabíamos que era deficitario, aunque se vendieran todos los ejemplares que allí se depositaban, pero los principios del propio periódico obligaban a estar presentes en todos los rincones. ¿Se podrá mantener así cuando internet ya llega, y el ahorro de distribución y venta es grande a pesar del hábito de los lectores a ‘tocar’ su periódico de papel? Ahora, además, muchas veces, la dificultad procede de los kioskos que van desapareciendo porque no el negocio disminuye y hay que recurrir a otros establecimientos comerciales.

El asunto, como comentaba, es acertar con la cantidad que los lectores están dispuestos a pagar, y en eso se lo juegan las empresas periodísticas. Y, sobre todo, en mantener la calidad de la información, la que exige el oficio del periodismo, el contraste, el respeto a las fuentes, la búsqueda de la verdad, la investigación. Desgraciadamente, con más de 40.000 licenciados en paro, y con una desproporción tan grande entre la oferta y la demanda en el trabajo, la dignidad de los propios periodistas cuesta más mantenerla y solo el rigor, la profesionalidad y el trabajo podrán salvarla.

Siempre he pensado que lo que se pagaba en el kiosko por un ejemplar de un periódico era excesivamente poco. Y aun así, los lectores se agolpan en la barra de los bares para esperar su turno. Prefieren un café a 80 páginas de droga dura de información por el mismo precio. Hasta los diarios deportivos, seguidos por forofos, ven cómo se van trasladando sus lectores del papel a la red. A la empresa periodística lo que le ocupaba realmente no hace mucho tiempo era el impacto de los anuncios –el número de lectores por ejemplar-, porque los ingresos publicitarios dependían de ello, y no necesariamente la venta directa. Ahora, esos ingresos por la venta son básicos en relación con los publicitarios, y de ahí que estén buscando cuál es el nuevo modelo de negocio que muy pocos todavía han encontrado a través de la web. Pero todos debemos sensibilizarnos que una información de calidad exige un coste. Las tertulias de las radios y las televisiones, por ejemplo, se nutren todavía de lo publicado en los medios escritos. Los periodistas, comemos, dormimos bajo techo, viajamos, trabajamos muchas horas, y no solo a cambio de la firma, también hay detrás familias, hijos y vida.

Creo en la prensa escrita, ya sea en papel o a través de las numerosas plataformas digitales del mercado, porque nuestra curiosidad se remonta más allá de los primeros sapiens. Pero creo también en que esa prensa solo se mantendrá con buenos periodistas, con vocación, sí, pero también con recursos para luchar de forma independiente en un mundo en crisis. Y quizá suponga una revolución que más tarde o más temprano habrá que afrontar. Quizá las grandes corporaciones se vayan sustituyendo por empresas más pequeñas y ajustadas, pero no nos olvidemos, que en medio de toda la vorágine siempre existirán las firmas de aquellos periodistas que nos son referencia y a los que solemos acudir, y el trabajo de un equipo, de una redacción, que le da solidez y veracidad al medio.


01
Abr 11

De profesión, periodista

Los cientos de trabajadores de Diario de Burgos que han ocupado las sucesivas sedes del periódico a lo largo de sus 120 años de historia a buen seguro que no se sorprendieron cuando vieron que su medio de comunicación se veía amenazado por un pequeño aparato de radio, el transistor, que se generalizaba en todos los hogares, y que además era gratis.  El ‘parte’ se convertía en una cita familiar para escuchar las principales noticias del día. Llegaría luego la televisión, todavía más sofisticada, y hubo que habilitar un espacio en la sala de estar, que volvería a congregar de nuevo a las familias en torno a una pequeña pantalla. El consumo se comenzó a multiplicar desde el primer momento, y fueron millones los televisores vendidos. La información se agigantaba y con ella también los canales, hasta convertirse en la TDT que todos conocemos actualmente.  El acceso a las noticias se generalizaba, y los periodistas de los diarios comenzaron a especializarse cada vez más en los entornos locales, y a acercarse aún más a las necesidades reales de sus conciudadanos, para luchar contra una competencia feroz.

Con Internet las amenazas de peligro contra los periódicos se agigantaron. Muchos intuyeron que llegarían a desaparecer. Pero ha sido la crisis económica la que ha agravado el recorte en las plantillas y un negocio que dada la curiosidad de los humanos difícilmente desaparecerá, pero que habrá que reorientar. En este entorno, los medios de comunicación locales –y más los diarios, porque son los que cuentan con más recursos humanos y financieros- continúan siendo líderes en sus mercados, generadores de información y referencia. La frase “lo dice el Diario”, sigue escuchándose con cierta asiduidad.

Es evidente que el panorama de la comunicación está actualmente dando un giro de 180º con la aparición de nuevas formas de contar historias. Que la vida se comprime hasta los SMS o los 140 caracteres de twitter, y que cualquiera, amparado en el anonimato, puede convertirse en prescriptor de los tiempos modernos. En medio de esta convulsión, son precisamente los periodistas los que tienen que marcar el rumbo. Su profesionalidad, ética y coherencia, y sobre todo amparados con su firma, debe devolver la credibilidad a un sector que todavía necesita mucho trabajo para afianzarse y para defender la dignidad y la capacidad laboral de esta profesión. Da lo mismo el medio, lo importante es el mensaje, y la clave el buen periodismo, éste perdurará siempre.


02
Ene 11

A la buena gente

He tenido ocasión de asistir hace unos días a la Gala que la 8 de Castilla y León Televisión celebraba en el Teatro Principal para otorgar unos premios a valores que comenzara ya hace unos cuantos años Diario de Burgos y que si no me falla la memoria este año renovará al cumplirse el 120 aniversario de su Fundación. Allí se encuentra la buena gente, sobre todo en los valores humanos, aquellos que dan sin esperar nada a cambio. Sobrecoge escuchar a sus representantes a  la hora de agradecer la distinción. En este caso fue la presidenta de la Fundación Autismo, que representa a más de 80 familias burgalesas,  pero podía haber sido cualquiera de los miembros de cualquier entidad que cuenta con familiares con problemas, especialmente mayores o niños. Para aquellos que somos de lágrima fácil y que este año hemos tenido los sentimientos a flor de piel, es fácil emocionarse. Son gente de otra pasta. Con algunos de ellos me estoy encontrando en mi deseo de montar una asociación que atienda a los mayores que están solos y sin recursos, a voluntarios que acudan a sus casas una o dos veces por semana para arreglarles un enchufe o hacerles compañía, me dicen que son siete mil en la provincia de Burgos, uno ya sería suficiente. No sé si me darán las fuerzas, pero ganas no faltan.

En la Gala televisiva también hubo otros premios y aunque diferentes nada desdeñables. Todos han sido más que merecidos, y en todos en este año especialmente de crisis se muestran unos valores de trabajo en equipo, tesón, esfuerzo, imaginación y amor por Burgos que uno hace que se sienta orgulloso de vivir en esta tierra. Desde aquella chica que estudio para peluquera y ahora da trabajo a casi una decena de personas en su estudio de belleza y estética, al empresario que supera la centena de trabajadores, o a un grupo de jóvenes rockeros que han logrado congregar en Aranda a más de 30.000 personas todos los veranos, al aire libre, y con ganas de disfrutar de la vida. No faltó tampoco la ilusión de los miles de burgaleses que siguen el baloncesto y que hace apenas unos meses soñaron que Burgos estaría en la élite de este deporte. Personas que gritaron, lloraron, pero que se alegraron de una temporada que ojalá se vuelva a repetir este curso.

Son, como dice el presidente de la Junta, los mejores de los nuestros. A ellos, que se subieron en un escenario y recibieron el aplauso de los asistentes, a todos los candidatos de los premios, y a los miles de ciudadanos anónimos que desgastan una parte de su vida por amor de los demás, muchas gracias y Feliz Navidad.