29
Sep 17

Todos sufrimos

Estos días he visto decenas de vídeos de Cataluña. Desde el destrozo de los coches de la Guardia Civil hasta un grupo de ciudadanos delante de la Casa Cuartel de Barcelona aplaudiendo a sus ocupantes, con banderas de España. Desde Padilla saliendo al ruedo con una bandera preconstitucional -al día siguiente lo arregló en Aranda de Duero- hasta miembros de la policía local de una localidad catalana quitando de la pared carteles pidiendo el Sí para el referéndum.

Probablemente, los chavales a los que los profesores les han dado días libres para manifestarse no tengan los sentimientos suficientes como para pensar en qué está pasando. Pero es algo muy cierto que todos sufrimos.

Me imagino a Joan Manuel Serrat lo que le habrá costado decir que esta convocatoria no era transparente, un gran tipo al que le prohibieron cantar en catalán durante muchos años, mientras el club de fútbol más importante de esta Comunidad y uno de los más importantes de Europa se pierde en tonterías.

Tengo conocidos que son independentistas pero que no quieren batallas con España. Reconocen la historia de su tierra. Pero ha llegado tan lejos el mensaje del agravio -en muchas ocasiones falso- que no les ha quedado más remedio que rendirse. En cambio otros se han vuelto más radicales y la Estelada está presente en su casa como un desafío.

Y luego están aquellos que por su profesión de defensores de la ley se han visto rodeados y menospreciados. Desde fiscales a fuerzas del orden. Qué oportuno el vídeo del miembro de la Benemérita cantando un fandango desde el balcón del hotel donde se encuentra su unidad hospedada ante los chavales de la cacerolada que iban al escrache y que se callaron en ese momento.

¡Claro que se puede negociar una patria -los líderes de los partidos independentistas pretenden mantener la doble nacionalidad para seguir siendo europeos- y una bandera! Probablemente algunos de ustedes hayan recibido a través de whatsapp el dibujo de nuestra piel de toro dividida solo en dos territorios: Córdoba y Asturias, como la aldea gala que se ha resistido al Imperio Romano. Llegamos todos a ser mozárabes, moros, castellanos y aragoneses, y españoles.

Todos sufrimos porque son muchos los que viven en Cataluña que quieren seguir siendo españoles y que están siendo denostados. Y desde la otra parte no faltan calificativos para los que quieren dejarnos, con argumentos caducos y falsos.Y esos Mossos que están ayudando a evitar el referéndum sin que lo conozcan sus jefes porque probablemente les expulsarían del cuerpo por actuar legalmente. Ya hemos perdido los conceptos de democracia, libertad y legalidad.

A los castellanos nos une a los catalanes que celebramos una derrota. Busquemos más cosas y pensemos también que todos tenemos derechos, también a decidir, pero como la ley dice.


23
Abr 13

Castellanos y leoneses orgullosos

Juan de Padilla, Juan Bravo, Francisco Maldonado fueron los capitanes comuneros decapitados un 24 de abril de 1521 –en unos años llegaremos al V Centenario-, el día después de la batalla de Villalar, un episodio clave en la Guerra de las Comunidades en las que se enfrentaron las fuerzas imperiales de Carlos I y las de la Junta Comunera. Como en Castilla y León somos así, en lugar de celebrar una victoria, como ocurre en mi tierra asturiana con Don Pelayo, lo hacemos con una derrota, pero una pérdida que debería ser ejemplo de pundonor, de esfuerzo, y de honor de un pueblo. De David frente a Goliat, aunque muchos años sin embargo la fiesta estuviera proscrita y más tarde recuperada más que por los valores que encerraba por necesidades políticas.

Por eso esta fiesta no ha sido mayoritariamente celebrada –salvo por el día de asueto-, porque no ha sido entendida. Sin embargo, sí que recoge esos valores que a veces reclamamos para Castilla y León, desde la austeridad, tantas veces reflejada hasta en encuestas para entender a este pueblo, como la confianza y el orgullo, muchas veces reclamado. Y hay motivos, miles, para estar orgullosos de este territorio, y no solo por su historia y por su patrimonio, que ya de por sí sería suficiente para hacer valer la potencia de esta Comunidad, sino también por su presente y su futuro. Cuando se valora la educación, la sanidad, la atención a las gentes, la capacidad de trabajo y de diálogo pareciera que estaría mal visto vanagloriarnos de ello. Y eso sobre todo también es gracias a los ciudadanos de esta región.

Recientemente, durante el tiempo compartido con los periodistas de un programa de difusión nacional de RNE en el Museo de la Evolución, pude observar también la envidia que a estos, también apasionados por la Ciencia, les merece no solo lo encontrado en los Yacimientos de Atapuerca sino la puesta en valor realizada sobre esos fósiles. Envidia que encuentro en todo tipo de reuniones, congresos o jornadas. Un esfuerzo obtenido por el trabajo conjunto de varias administraciones y el de muchas personas a título individual, pero también formando equipo.

Pero ni el ejemplo dejado por Padilla, Bravo y Maldonado parece que pudiera sobrevivir a veces a este carácter que dicen que es castellano, pero más pertenece al hombre que a una tierra a veces heroica y en otras ocasiones encogida. De lo titánico, y contamos con héroes casi inmortales, a lo apocado. De ahí la reclamación de un orgullo sano, muy lejano del que aparentan los ciudadanos de otras comunidades, menos históricas pero más victimistas, pero orgullo en definitiva, que no es ni engreimiento, ni palabrería, sino que está basado en hechos y datos. Entonces con nuestros capitanes comuneros, y ahora con el trabajo de miles de personas. Castilla y León bien merece una bandera, y un himno, y una tierra, pero quizá no sean suficientes todavía sus abanderados.


30
Ene 11

El Gobierno de los mejores

Ahora que nos encontramos a las puertas de unas elecciones municipales y autonómicas y en clave ya de las generales que tendrán lugar en 2012 (aunque algunos tertulianos abogan por su adelanto, pero no parece que sea esta la opinión de los implicados), estamos volviendo a escuchar de muchos candidatos que volverán a contar en su gobierno con los mejores para cada uno de los puestos, buenos profesionales y personas capacitadas para sacar el municipio, la comunidad autónoma o la nación adelante. Luego suele llegar la gran decepción para los votantes y es que se encuentran con que su vecino de al lado, aquel con el que tantos desencuentros ha tenido y al que tanto ha criticado, forma parte de ese equipo de gobierno local que supuestamente va a sacar la ciudad adelante en medio de una crisis de la que todavía no se atisba el final. O que los elegidos para formar parte del consejo de ministros son barones o miembros de familias históricas de ese partido político, o divididos por una cuota entre hombres y mujeres, sin tener en cuenta su idoneidad, siempre he pensado que para llevar las responsabilidades de una administración en materia de Sanidad lo inteligente sería que fuera un profesional de la Medicina o un economista quien se pusiera al frente. Ocurre también que algunos son elegidos por pertenecer a un territorio al que hay que hacer un guiño (que no solo hay cuotas por razón del sexo), para que luego no se lamente que su provincia, o su región no cuenta con grandes representantes en gobiernos regionales o centrales.

Y es que los partidos políticos, y los miembros que lo forman, vuelven a estar encuesta tras encuesta entre los temas peor valorados por los ciudadanos. Y no será fácil que escalen posiciones en ese ranking. El problema, el real, el que nos toca a todos, es que casi llegamos a los cinco millones de parados en España, a los 30.000 en Burgos y aunque haya responsables de tan altas cifras, la obligación de sacar este país, esta región o esta ciudad adelante no la tienen solo los que gobiernan, sino la oposición y todos los representantes públicos. Son ellos los que pueden tomar decisiones, generar confianza, de tal manera que avancemos en las soluciones necesarias.

Esos ciudadanos –que no necesariamente tienen que ser políticos de carrera, aunque tampoco hay que descartarlo, pero habrá que regenerar lo suficiente esta profesión- hay que buscarlos ahora antes de la primera cita electoral de mayo. Y no será un trabajo fácil, posiblemente los cabezas de lista se encuentren con algún desplante, pero si hay que dar optimismo a los ciudadanos –y sobre todo a los empresarios que son los que con su carácter emprendedor pueden hacer mucho por su tierra- estos posiblemente esperen encontrarse con personas solventes y que han demostrado ya su capacidad de trabajo. El problema de los partidos es que han crecido tanto y de tal manera que hay que ocupar a muchos miembros de los mismos. Y no hay lugar para el resto de españoles.