Archivo por meses: octubre 2020

Morir

Disculpen, amigos lectores, es probable que esta Página Par de hoy les resulte empalagosa, o les disguste que cuente cosas personales. Les aviso ahora que inicio estas líneas, que pueden dejarlas, hacer un ejercicio de lectura rápida o buscar otro momento mejor.

Mi padre vivió los últimos años de su vida con una salud débil, pudo sobrevivir a un cáncer, y muy poco a poco se fue apagando por otras enfermedades. Mi madre, sus últimos quince años, diez sin mi padre, con un mieloma múltiple, no podía hacer las cosas por sí misma, había que ayudar a levantarla, entre dos personas, para pasarla a una silla de ruedas con la que circulaba por la casa o salía a la calle, lo mismo que le sucedió a mi padre. A él le costó mucho asumir la situación, una persona vital que dejaba de darse sus largos paseos no quería que le vieran en esa situación. Pero cuando llevas una silla de ruedas, te das cuenta del gran número de personas que se encuentran en esa situación. Y lo admitió.

Mi madre seguía en sus últimos años asistiendo a la tertulia semanal con sus amigas maestras jubiladas, imagino que arreglando el mundo, aunque algunas ocasiones no se encontraba bien y cedía, lo saben bien mis hermanos que intentaban convencerla para vestirse y acercarla. La que fallaba pocas veces semanalmente era la peluquera, que le daba una buena conversación y la ponía al día.

Todos esos años la relación con mis padres fue la mejor de nuestra vida. Escuchar en una silla pegado a la cama. Acompañar sin más. Ayudar a pasar el tiempo. Y a veces llorar cuando te decían que estaban preparados y que querían dejar de darnos trabajo. A veces los cuidados paliativos son eso, pero agradecían, porque me lo decían, cada viaje que hacía a verlos, cada tiempo que les dedicaba –vuelvo a insistir en la generosidad de los hermanos que vivían en la misma ciudad-, cada segundo que pasaba a su lado. Porque salir con la silla de ruedas, llevarles a Misa, ayudarles a tomar el zumo de naranja en la terraza del bar de siempre, hacerlo con alguno de sus hijos era suficiente para ellos, más que el tiempo que les pudiera dedicar la persona interna que vivía en casa.

Ellos habían trabajado los dos hasta su jubilación y contaban con una pensión digna, lo que les hubiera permitido disfrutar del descanso y de la vida. La disfrutaron a su manera. Se me ocurrió comprar una wii para que mis sobrinos, entonces pequeñajos, tuvieran un motivo para acercarse a casa de los abuelos. Ellos disfrutaban de sus nietos solo con verles, como le puede a ocurrir a usted que todavía sigue leyendo. Y solo había que fijarse en sus ojillos de ancianos para comprobarlos. Y me convertí en amigo de Pocoyó.

Creo que hicimos lo que pudimos, con mucho tiempo y dedicación, con conversaciones telefónicas, con estancias en hospitales,  con internas que acababan siendo las ‘dueñas’ de la casa pero que le dedicaban mucho cariño y corazón a la señora. Un día se apagaron y se fueron, no hubo medios desproporcionados o extraordinarios para que continuaran con vida. Sabíamos que iba a ocurrir y ocurrió. La vida no les respetó la jubilación pero mantuvieron a una familia unida, que es de lo que estarían más satisfechos unos castellanos austeros, honrados y queridos, como pudimos ver en sus funerales.

No siempre es posible todo ello. Y tengo que agradecer mucho. Pero por eso pido respeto a todas las vidas, a todas, cualquiera que sea su condición.  Que se multipliquen los servicios de cuidados paliativos, que se sostenga y acoja a los enfermos, que se evite la desesperanza y la angustia. Y que mueran dignamente y en paz.

‘Pueblo viejo’ o ‘viejo pueblo’ de Gamonal

He tenido ocasión estos últimos días de callejear por el viejo pueblo de Gamonal. Pareciera que está sumido en el olvido de nuestros responsables municipales desde hace algunos años, tras alguna iniciativa perdida de rehabilitación de edificios e incluso un promotor optimista con la construcción en algún solar. El Covid ha acabado cerrando bares y comercios, quizá para siempre. Recuerdo que hace más de diez años tuve ocasión de dar el pregón de este populoso barrio gamonalero, y una de las reclamaciones de entonces fue la rehabilitación total de esta zona abandonada de los dioses y de los humanos. La que fuera una de las principales arterias de la capital burgalesa, lo que veían nuestros visitantes procedentes del norte, pareciera que al crearse las circunvalaciones el futuro de este histórico pueblo fuera la dejadez y la desidia.

Ahí, testigo de este espacio que ha ido degenerando poco a poco, se matiene enfrente la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal, y la churrería que sobrevive tras un aparatoso incendio, por la colaboración de los vecinos. Un entorno en el que hubo vida, como obligado paso del Camino de Santiago, donde se representaba hasta hace muy poco la batalla contra las tropas napoleónicas, y donde todavía con mercados medievales se pretende mantener su espíritu.

Pero resulta increíble –igual está pasando con la Concepción, que avanza a tumbos- que nadie de los que ejerce el burgalesismo desde el sillón del Ayuntamiento haya emprendido una solución más o menos definitiva. Burgos, más abajo, ha sufrido cambios notables, desde las orillas de los ríos a los grandes edificios majestuosos, culturales o sanitarios. O zonas verdes rediseñadas, campos de fútbol o viejas plazas reconvertidas en coliseum de baloncesto. Parece que los vecinos están orgullosos de pasear por esta ciudad.

Cuando uno viaja a través del tiempo por internet se encuentra con propuestas para reurbanizar este espacio, con solares ruinosos y que en algunos momentos planteó comprar el propio Ayuntamiento, en un espacio de más de 10.000 metros cuadrados. En su momento se pretendió preservar los rasgos del viejo Gamonal antes de que perteneciera a Burgos.  Pero nunca culminó en nada, argumentando en otras ocasiones que siendo paso del Camino de Santiago estuviera protegido. Si viniera el mismo apóstol y lo viera se sorprendería de este desamparo. Recuerdo de niño cómo nos gustaba ir al ‘Pueblo de Asturias’ en Gijón para contemplar los viejos hórreos y las paneras, donde nos recuerdan nuestra memoria, entre un culín de sidra y chorizo. En algo hay que transformar este viejo pueblo o pueblo viejo, según lo observemos.

Hay que ponerse de acuerdo entre todos los que tienen que decidir en esta situación, desde los urbanistas, a propietarios o inversores, vecinos y comerciantes. Desconozco si en ese bipartito que nos va a gobernar entre el PSOE y Ciudadanos figura algún futuro para este lugar, pero antes que la noria del Arlanzón, acuérdense por favor de este territorio que cada vez parece más comanche.

No al directo

Es de agradecer enormemente que el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana –son los nombres de estos tiempos- haya indicado que la línea directa ferroviaria hasta Madrid no le interesa lo más mínimo. Vale ya de vacilar. Lo mismo ha pensado durante estos años con la conexión de la alta velocidad con Burgos. Mientras no llegue al País Vasco esta vía no va a gozar de un gran apoyo, pese a que los vascos que bajen en tren a la capital de España darían un gran impulso a su trayecto hacia Madrid al ya encontrarse en la ciudad del Cid con velocidad alta; igual que los burgaleses al viajar a Barcelona han visto como se reducía bastante el tiempo al contar con un tramo de AVE. Así que  pongan fecha ya al primer viaje con la alta velocidad y comencemos a descontar.  Y nuestro alcalde, del mismo partido que quien rige el Ministerio, debería insistir.

En fin, no hay que callarse. La pasada semana escribía en este espacio que estábamos perdiendo puntos con la logística, pero que todavía pueden recuperarse, y que para ello era urgente y necesario la puesta en marcha del Parque Tecnológico y que venga con un pan debajo del brazo de la mano de la Junta, que se lo debe a esta ciudad, y a esta provincia, por todo el proceso que ha vivido este suelo tecnológico. Es imprescindible para el futuro de una ciudad industrial como Burgos.

Con el Directo pasa lo mismo, y si la batalla está perdida en el transporte de personas, no debería pasar en el de mercancías. Los miembros de la Plataforma del Ferrocarril merecen un aplauso por su constancia. Ellos nos han abierto los ojos al detallar la decisión de Adif de no contar tampoco con  la actividad comercial en la línea, lo que muestra el escaso interés de los altos cargos del Ministerio que lidera José Luis Ábalos –ahora parece que con menos actividad pública- que parecen desconocer los estudios de viabilidad realizados durante estos últimos años por entidades públicas y privadas.

Esos informes justificaban una apertura de este tramo con cifras concretas y compromisos de la circulación de suficientes convoyes para su viabilidad. Y aunque afirman que en la línea, sobre todo, en la zona de Madrid se están realizando intervenciones, algunos conocedores de la situación real dirían que son más falsos que Judas.

Aseguran que no hay operadoras a las que les sea útil y beneficioso viajar por esta línea. Si eso es cierto sería lo normal, si no hay labores de mantenimiento, hay un túnel en Somosierra colapsado, y una desidia total durante varios lustros. ¿Quién se va a arriesgar? La pandemia no nos puede dejar de vislumbrar  nuestro futuro, y eso parece que pretenden