Patrimonio Mundial

Si no recuerdo mal la portada de Diario de Burgos del día de la declaración de los Yacimientos de Atapuerca como Patrimonio de la Humanidad contaba con los alcaldes de Ibeas y de  Atapuerca brindando por el galardón conseguido. También el reconocimiento alcanzó el título de ‘Valor Universal Excepcional’. Se sumaba así a otras dos satisfacciones mundiales por parte de la Unesco en la provincia de Burgos: la Catedral de Burgos, única en España con este título de forma singular, sin formar parte de un entorno también reconocido por la institución, y el Camino de Santiago por el que miles de peregrinos transitan hacia la capital gallega todos los años. En el debe se encuentran otras dos nominaciones que no se han llegado todavía a aprobar, como la candidatura conjunta de las icnitas de dinosaurios, y otra también conjunta del prerrománico del norte de nuestra provincia, unida a las iglesias de Cantabria y Palencia. No serán fáciles de conseguir estos últimos nombramientos, si así fuera nos convertiríamos en el único territorio del mundo con cinco títulos. Aun con tres estamos entre los más representativos ya. Hoy cumple 20 años la declaración de Atapuerca, y el crecimiento en investigación científica, en visitas culturales y turísticas, en divulgación ha sido exponencial. Son las excavaciones que más artículos registran en las publicaciones más prestigiosas, y no sin motivo, por ejemplo el ADN encontrado en un fósil de la Sima de los Huesos es el más antiguo del mundo, o la presencia de homínidos se ha acreditado que son los primeros europeos.

Burgos se encuentra además en los prolegómenos del 2021, que será Año Jacobeo, y donde se conmemorará el 800 aniversario de la primera piedra de la seo burgalesa, que ya viene celebrándolo con dedicación y esfuerzo estos últimos años. Esto ha provocado además que la 25 edición de Las Edades del Hombre tenga en la Catedral gótica su principal sede, sumándose otras dos en la calle mayor de Europa como son Carrión y Sahagún. Una edición ‘Lux’ que a buen seguro se está cuidando con mucho mimo y será un gran éxito.

Con estos mimbres bien podía considerarse 2021 –que suma además otros aniversarios- como un año que pasaría a la Historia para los ciudadanos burgaleses y para todos aquellos que ciertamente cruzarán las nuevas puertas de la fachada de Santa María para ganar el jubileo. Nunca hubiéramos pensado hace un año que un virus podría frenar esta situación, causar miles de muertos, confinarnos en casa, peligrar el empleo, ralentizar el crecimiento económico y perder el optimismo que poco a poco iba creciendo en el carácter de los burgaleses, en algunos momentos necesitados de autoestima. Pero no es momento de amedrentarse sino de acordarse de nuestro héroe más singular, que volverá de nuevo a la vida en una serie de Amazon en unas semanas, y es que todavía puede haber vida después de muerto.

¡Oh capitán!¡Mi capitán!

¿Cuántos estudiantes han estado tentados de subirse al pupitre y gritar en voz alta este verso de Walt Witman tras ver la extraordinaria película El club de los poetas muertos que sirve como tributo para el recuerdo de ese gran actor que fue Robin Williams?

¡Oh capitán!¡Mi capitán!  Es la respuesta también a un profesor que mantendrán sus discípulos en su recuerdo durante toda su vida. Ahora las leyes se olvidan de la importancia de los maestros para guiar a los chavales. Estos días que uno de los debates está siendo la ley de educación en España –el uso del español, el desasosiego de los colegios concertados y los de educación especial- igual la preocupación es más del continente que de los contenidos.  Si los alumnos están pasando dos cursos anormales, para los profesores no lo es menos, y conjugar clases presenciales con virtuales no debe ser fácil para lo que realmente significa la palabra enseñar. Es como ver un concierto de Bruce Springsteen por Youtube –que caramba, también te emociona- que ver a este tipo en un concierto en directo en la nueva gira que todos desean que haga con su nuevo disco en la mochila. No es lo mismo, no.

La educación lleva tiempo muy presente en películas y series de éxito y más ahora donde los jóvenes son los grandes consumidores de las plataformas. Son series, cierto, con enfoques distintos, y muchas. Desde Sensación de vivir o Compañeros a Física o Química, Glee a las actuales Merlí, Élite o HIT, precisamente esta última en su emisión de los lunes viene acompañada de un debate sobre algunos aspectos destacados del capítulo. Y, en todas, lo que permanece es un grupo de alumnos a los que no les apetece estudiar, y algo se pegará a los espectadores. A algunos personajes les sobra el dinero y a otros les falta. El sexo está bastante presente, no podía ser menos,  y no faltan estereotipos de estudiantes (musulmanes, gays) y de profesores que se convierten en casi héroes.

En esta sociedad se llenan la boca y se destaca la importancia de la educación. Se habla de valores. Y de esfuerzo. Y se pretende a la vez permitir pasar de curso con asignaturas suspensas. Se insiste en la atención al diferente, y aunque no se expresa claramente, se desliza que la inclusión se realice en la edad escolar estudiando en las mismas clases, acabando poco a poco con la educación especial. Se hinchan la boca hablando de libertad y prescinden de la misma para los padres que quieren elegir la educación de sus hijos.

Los temarios varían de una Comunidad a otra, y las materias que debieran ser esenciales también. Y copio la declaración del profesor Merlí a sus alumnos en un capítulo de la serie: “El sistema educativo los quiere a ustedes aquí, presos, en el aula, para que mañana sean productivos. Algunos tendrán la suerte de trabajar en algo que les agrada, pero la mayoría solo contará los días que falta para tomarse vacaciones”.

La difícil suma de las coaliciones

Pareciera en aquel momento que si fuera por Vox ningún gobierno socialista llegaría a la alcaldía de alguna capital española. Y en esto apareció Burgos y llegó. No hablaron con la formación de Santiago Abascal y gobernó la lista más votada.

En las Comunidades Autónomas, y por la decisión entonces de Albert Rivera, tampoco gobernaría Ciudadanos en coalición con el PSOE, a pesar de haber ganado estos las elecciones, como es el caso de Castilla y León.

La capital burgalesa fue una de las monedas de cambio. El PP votaba a favor de Vicente Marañón para la Alcaldía y en Valladolid, Ciudadanos apoyaba a Alfonso Fernández Mañueco para la presidencia regional de la Comunidad Autónoma. Los naranjas cambiaban de socio en algunas regiones conociendo previamente que ya habían sustentado a los socialistas en Andalucía apoyando a Susana Díaz.

Han pasado unos cuantos meses y la pandemia ha ido frenando acciones políticas, no así una coalición que asegurase a Daniel de la Rosa gobernar durante la legislatura con tranquilidad sin esperar mociones de censura, y para eso qué mejor que tener como aliado a Ciudadanos, el único grupo que con cinco concejales podía darle mayoría absoluta. Tendría que ceder en algunas cosas importantes, pero a cambio la paz podría llegar al salón de plenos.

Pero desde el momento del acuerdo la duda surge en algunos vecinos como ocurriera hace veinte años. No tienen buena experiencia los gobiernos coaligados en la plaza mayor burgalesa. Han estado paralizados. Ocurrió con el PSOE y Tierra Comunera, en donde TC desapareció en los siguientes comicios y casi para siempre y los socialistas descendieron en el número de votos. Tampoco lo tuvieron fácil en la relación con el gobierno popular de la Junta. Ahora, este último capítulo se podría salvar, al coincidir los naranjas en el equipo de gobierno municipal y en el regional. Pero veremos.

Resta todavía bastante tiempo para que convoquen a nuevos comicios municipales.  Y se comprobará la eficacia o no para la ciudad de Burgos de esta nueva coalición. Pero también desde la oposición el PP tendrá que asumir cambios. Por de pronto, esperar a que la pandemia permita un congreso provincial que renueve algunos de sus cargos. Han perdido muchos de sus votantes en los últimos años y en algún momento deberán preguntarse por qué.

Y lo que sin duda deben hacer todos juntos, gobierno y oposición, es colocar a Burgos en una buena posición para la recuperación económica con o sin Covid, y devolver la ilusión a los sectores que han sido los más perjudicados.

 

Los presupuestos de siempre

En un momento en que los políticos, los que administran nuestros impuestos, andan perdidos por el Covid 19; ni encuentran soluciones concretas ante un virus cuya propagación se está haciendo más rápida de lo que pensara el ínclito Simón; que los Presupuestos Generales del Estado puedan contentar a más catalanes y vascos que al resto de ciudadanos parece realmente una desfachatez. Ha sido lo de siempre en esta democracia surgida en la transición, los grupos minoritarios, por su representación en el Congreso, tenían mucho más valor que el resto. Pero nadie le ha puesto el cascabel al gato a una posible circunscripción única u otras alternativas. Se quejó IU, lo hace ahora Cs, pero no hay voluntad entre los mayoritarios.

El 2020 está pasando con mucha más pena que gloria, apenas unos detalles y sobre todo en el esfuerzo solidario al que la pandemia ha motivado a muchos españoles. Ahora, probablemente, no se saldría a aplaudir a los balcones, no por el trabajo denodado de muchos sanitarios, sino por la mala gestión de sus responsables. Desgraciadamente están saliendo a la luz, y cada vez serán más, los casos de personas que han fallecido por los criterios seguidos en centros de salud u hospitales. Por otra parte, el hecho de que todavía no se conozcan las cifras reales de muertos causados por el virus evidencia un mandato ineficaz a nivel estatal de coordinación y solución de problemas.

En 2021 llevamos camino de cometer los mismos errores. El Gobierno parece dedicado exclusivamente a aprobar algunas leyes, marcadas más por la ideología que por la necesidad, y algunas evidentemente imprescindibles, como fue el salario mínimo, ha alcanzado a un tanto por ciento todavía muy pequeño para lo realmente necesario, mientras animan a nuestros jóvenes al no esfuerzo, con el pase de curso con suspensos, y buscan la manera, por otro lado, de acabar con la concertada, y con la libertad de elección de los padres. Han logrado cabrear a los pequeños comerciantes, a los hosteleros, a los que viven del turismo… por las pocas salidas que están dando y la #culturasegura no parece serlo para ellos.

Pensar que en esas circunstancias pudieran elaborarse unos PGE equitativos en infraestructuras y equipamientos es una utopía. Sería soñar mucho. Si en este 2021 logramos que en los seis primeros meses llegue la alta velocidad a Burgos con todas sus consecuencias, que el Hospital de la Concepción se transforme, que la autopista hacia Cantabria vaya avanzando… habría que darse por halagados.

 

Memoria y dignidad

Recientemente, una de las más destacadas empresas de sondeos españolas hacía públicos unos datos realmente escalofriantes, pero que muestran que España es un país sin memoria, y así se demuestra cada vez que hay comicios electorales, y con valores enterrados en una sociedad anestesiada. De vez en cuando algún partido, por razones ideológicas, recupera las ‘dos españas’ para intentar agrupar el voto y ahondar todavía más en esa herida.

GAD3 decía que siete de cada diez españoles no sabe quién fue José Antonio Ortega Lara y solo el 38 por ciento de los jóvenes identifica a Irene Villa, también de ascendencia burgalesa, como víctima de ETA. Además, más de la mitad de los españoles no sabe quién fue Miguel Ángel Blanco. Son datos extraídos de un informe de la consultora ‘La memoria de un país’ debido al estreno esta semana de una docuserie de Amazon ‘El Desafío: ETA’, tras la emisión de Patria, y de El instante decisivo de A3 , sobre lo ocurrido entre la liberación de Ortega Lara y el secuestro y asesinato de Blanco. La lectura de todos los asesinados por la banda por parte de Abascal en el Congreso ha vuelto a sacar a la luz el por qué de la insistencia de las asociaciones de víctimas del terrorismo en la memoria, la dignidad y la justicia.

José Antonio fue liberado por la Guardia Civil el 1 de julio de 1997, cuando nadie daba nada por él, después de 532 días encerrado. La perseverancia de las Fuerzas Armadas y un toque de suerte permitieron conocer que en un taller de Mondragón podía estar pasando algo. La fe y la paciencia de algunas personas evitaron que finalmente el ex funcionario de prisiones burgalés se pudriera en el pequeño zulo. Como represalia, el concejal del PP en Ermua Miguel Ángel Blanco fue secuestrado y asesinado a sangre fría por otro comando de este grupo de asesinos.

Probablemente nadie de mi generación habrá olvidado esos días. En mi caso iba a iniciar las vacaciones en San Sebastián cuando a Ortega Lara le sacaron del agujero. Un día de trabajo intenso para publicar una edición especial, y otra muy completa del periódico. Gracias a alguno de sus familiares pude estar en su casa y enseñarle junto a Alberto Rodrigo todas las fotos de lo que había ocurrido en Burgos mientras el estaba medio enterrado en Mondragón. Allí estaban sus compañeros de prisiones, los miles de burgaleses que acudieron a una impresionante manifestación pidiendo su libertad, las concentraciones en un silencio eterno de los miércoles en la Plaza Mayor, un sinfín de portadas de DB. La vida en libertad, pero con sufrimiento. Fui a San Sebastián y me encontré con uno de los mayores horrores etarras: el aviso de un asesinato contra el que nada podías hacer. Pero será difícil de olvidar la manifestación en la capital vasca y la protesta posterior frente a la sede de HB, guardada por ertzainas que tuvieron que quitarse los cascos ante el aplauso de la multitud.

Toda esa historia contemporánea de España ya  no se cuenta en su cruda realidad para nuestros jóvenes estudiantes. No se exhiben las imágenes de esos días en Ermua, o la salida del zulo de José Antonio. Por esa memoria publicamos un libro Belén Delgado y yo. Porque se podrá perdonar, pero lo que no se debe es olvidar.

El mismo año que secuestraron a Ortega Lara, Induráin se retiraba del ciclismo con una cosecha de ‘tours’ en su morral. Si GAD3 hubiera incluido en su encuesta cuántos saben quién es el ciclista navarro, la diferencia con el burgalés hubiera sido muy grande a su favor, y con todo derecho por todo lo que se vende el deporte. Pero por eso hay que seguir insistiendo en la memoria, dignidad y justicia, y en ese blanqueo que algunos están realizando con los herederos etarras.

Morir

Disculpen, amigos lectores, es probable que esta Página Par de hoy les resulte empalagosa, o les disguste que cuente cosas personales. Les aviso ahora que inicio estas líneas, que pueden dejarlas, hacer un ejercicio de lectura rápida o buscar otro momento mejor.

Mi padre vivió los últimos años de su vida con una salud débil, pudo sobrevivir a un cáncer, y muy poco a poco se fue apagando por otras enfermedades. Mi madre, sus últimos quince años, diez sin mi padre, con un mieloma múltiple, no podía hacer las cosas por sí misma, había que ayudar a levantarla, entre dos personas, para pasarla a una silla de ruedas con la que circulaba por la casa o salía a la calle, lo mismo que le sucedió a mi padre. A él le costó mucho asumir la situación, una persona vital que dejaba de darse sus largos paseos no quería que le vieran en esa situación. Pero cuando llevas una silla de ruedas, te das cuenta del gran número de personas que se encuentran en esa situación. Y lo admitió.

Mi madre seguía en sus últimos años asistiendo a la tertulia semanal con sus amigas maestras jubiladas, imagino que arreglando el mundo, aunque algunas ocasiones no se encontraba bien y cedía, lo saben bien mis hermanos que intentaban convencerla para vestirse y acercarla. La que fallaba pocas veces semanalmente era la peluquera, que le daba una buena conversación y la ponía al día.

Todos esos años la relación con mis padres fue la mejor de nuestra vida. Escuchar en una silla pegado a la cama. Acompañar sin más. Ayudar a pasar el tiempo. Y a veces llorar cuando te decían que estaban preparados y que querían dejar de darnos trabajo. A veces los cuidados paliativos son eso, pero agradecían, porque me lo decían, cada viaje que hacía a verlos, cada tiempo que les dedicaba –vuelvo a insistir en la generosidad de los hermanos que vivían en la misma ciudad-, cada segundo que pasaba a su lado. Porque salir con la silla de ruedas, llevarles a Misa, ayudarles a tomar el zumo de naranja en la terraza del bar de siempre, hacerlo con alguno de sus hijos era suficiente para ellos, más que el tiempo que les pudiera dedicar la persona interna que vivía en casa.

Ellos habían trabajado los dos hasta su jubilación y contaban con una pensión digna, lo que les hubiera permitido disfrutar del descanso y de la vida. La disfrutaron a su manera. Se me ocurrió comprar una wii para que mis sobrinos, entonces pequeñajos, tuvieran un motivo para acercarse a casa de los abuelos. Ellos disfrutaban de sus nietos solo con verles, como le puede a ocurrir a usted que todavía sigue leyendo. Y solo había que fijarse en sus ojillos de ancianos para comprobarlos. Y me convertí en amigo de Pocoyó.

Creo que hicimos lo que pudimos, con mucho tiempo y dedicación, con conversaciones telefónicas, con estancias en hospitales,  con internas que acababan siendo las ‘dueñas’ de la casa pero que le dedicaban mucho cariño y corazón a la señora. Un día se apagaron y se fueron, no hubo medios desproporcionados o extraordinarios para que continuaran con vida. Sabíamos que iba a ocurrir y ocurrió. La vida no les respetó la jubilación pero mantuvieron a una familia unida, que es de lo que estarían más satisfechos unos castellanos austeros, honrados y queridos, como pudimos ver en sus funerales.

No siempre es posible todo ello. Y tengo que agradecer mucho. Pero por eso pido respeto a todas las vidas, a todas, cualquiera que sea su condición.  Que se multipliquen los servicios de cuidados paliativos, que se sostenga y acoja a los enfermos, que se evite la desesperanza y la angustia. Y que mueran dignamente y en paz.

‘Pueblo viejo’ o ‘viejo pueblo’ de Gamonal

He tenido ocasión estos últimos días de callejear por el viejo pueblo de Gamonal. Pareciera que está sumido en el olvido de nuestros responsables municipales desde hace algunos años, tras alguna iniciativa perdida de rehabilitación de edificios e incluso un promotor optimista con la construcción en algún solar. El Covid ha acabado cerrando bares y comercios, quizá para siempre. Recuerdo que hace más de diez años tuve ocasión de dar el pregón de este populoso barrio gamonalero, y una de las reclamaciones de entonces fue la rehabilitación total de esta zona abandonada de los dioses y de los humanos. La que fuera una de las principales arterias de la capital burgalesa, lo que veían nuestros visitantes procedentes del norte, pareciera que al crearse las circunvalaciones el futuro de este histórico pueblo fuera la dejadez y la desidia.

Ahí, testigo de este espacio que ha ido degenerando poco a poco, se matiene enfrente la iglesia de la Real y Antigua de Gamonal, y la churrería que sobrevive tras un aparatoso incendio, por la colaboración de los vecinos. Un entorno en el que hubo vida, como obligado paso del Camino de Santiago, donde se representaba hasta hace muy poco la batalla contra las tropas napoleónicas, y donde todavía con mercados medievales se pretende mantener su espíritu.

Pero resulta increíble –igual está pasando con la Concepción, que avanza a tumbos- que nadie de los que ejerce el burgalesismo desde el sillón del Ayuntamiento haya emprendido una solución más o menos definitiva. Burgos, más abajo, ha sufrido cambios notables, desde las orillas de los ríos a los grandes edificios majestuosos, culturales o sanitarios. O zonas verdes rediseñadas, campos de fútbol o viejas plazas reconvertidas en coliseum de baloncesto. Parece que los vecinos están orgullosos de pasear por esta ciudad.

Cuando uno viaja a través del tiempo por internet se encuentra con propuestas para reurbanizar este espacio, con solares ruinosos y que en algunos momentos planteó comprar el propio Ayuntamiento, en un espacio de más de 10.000 metros cuadrados. En su momento se pretendió preservar los rasgos del viejo Gamonal antes de que perteneciera a Burgos.  Pero nunca culminó en nada, argumentando en otras ocasiones que siendo paso del Camino de Santiago estuviera protegido. Si viniera el mismo apóstol y lo viera se sorprendería de este desamparo. Recuerdo de niño cómo nos gustaba ir al ‘Pueblo de Asturias’ en Gijón para contemplar los viejos hórreos y las paneras, donde nos recuerdan nuestra memoria, entre un culín de sidra y chorizo. En algo hay que transformar este viejo pueblo o pueblo viejo, según lo observemos.

Hay que ponerse de acuerdo entre todos los que tienen que decidir en esta situación, desde los urbanistas, a propietarios o inversores, vecinos y comerciantes. Desconozco si en ese bipartito que nos va a gobernar entre el PSOE y Ciudadanos figura algún futuro para este lugar, pero antes que la noria del Arlanzón, acuérdense por favor de este territorio que cada vez parece más comanche.

No al directo

Es de agradecer enormemente que el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana –son los nombres de estos tiempos- haya indicado que la línea directa ferroviaria hasta Madrid no le interesa lo más mínimo. Vale ya de vacilar. Lo mismo ha pensado durante estos años con la conexión de la alta velocidad con Burgos. Mientras no llegue al País Vasco esta vía no va a gozar de un gran apoyo, pese a que los vascos que bajen en tren a la capital de España darían un gran impulso a su trayecto hacia Madrid al ya encontrarse en la ciudad del Cid con velocidad alta; igual que los burgaleses al viajar a Barcelona han visto como se reducía bastante el tiempo al contar con un tramo de AVE. Así que  pongan fecha ya al primer viaje con la alta velocidad y comencemos a descontar.  Y nuestro alcalde, del mismo partido que quien rige el Ministerio, debería insistir.

En fin, no hay que callarse. La pasada semana escribía en este espacio que estábamos perdiendo puntos con la logística, pero que todavía pueden recuperarse, y que para ello era urgente y necesario la puesta en marcha del Parque Tecnológico y que venga con un pan debajo del brazo de la mano de la Junta, que se lo debe a esta ciudad, y a esta provincia, por todo el proceso que ha vivido este suelo tecnológico. Es imprescindible para el futuro de una ciudad industrial como Burgos.

Con el Directo pasa lo mismo, y si la batalla está perdida en el transporte de personas, no debería pasar en el de mercancías. Los miembros de la Plataforma del Ferrocarril merecen un aplauso por su constancia. Ellos nos han abierto los ojos al detallar la decisión de Adif de no contar tampoco con  la actividad comercial en la línea, lo que muestra el escaso interés de los altos cargos del Ministerio que lidera José Luis Ábalos –ahora parece que con menos actividad pública- que parecen desconocer los estudios de viabilidad realizados durante estos últimos años por entidades públicas y privadas.

Esos informes justificaban una apertura de este tramo con cifras concretas y compromisos de la circulación de suficientes convoyes para su viabilidad. Y aunque afirman que en la línea, sobre todo, en la zona de Madrid se están realizando intervenciones, algunos conocedores de la situación real dirían que son más falsos que Judas.

Aseguran que no hay operadoras a las que les sea útil y beneficioso viajar por esta línea. Si eso es cierto sería lo normal, si no hay labores de mantenimiento, hay un túnel en Somosierra colapsado, y una desidia total durante varios lustros. ¿Quién se va a arriesgar? La pandemia no nos puede dejar de vislumbrar  nuestro futuro, y eso parece que pretenden

Más blanco que nunca

El folio ha llegado al ordenador más blanco que nunca. Sin aportaciones nuevas. Más del 90 por ciento de las conversaciones que se manejan son sobre el Covid. Solo Bale ha podido cambiar la tendencia para los madridistas, igual que lo hizo Messi con los barcelonistas. Parece que a nadie ya le importan los presupuestos –esos de la subida de impuestos- o la fusión de Caixabank y Bankia. Quizá solo recuerdos de cuando se reivindicaba la presencia de las dos cajas burgalesas, junto a la Rural, que ha perdido uno de sus grandes valedores, además de una enorme persona.

Todo lo que se habla viene derivado del virus, desde la alimentación hasta la educación. Desde el derrumbamiento de las actividades culturales presenciales hasta la desaparición de los centros de salud rurales. O las famosas listas de espera –el que suscribe lleva esperando una cita desde octubre de 2018- que se irán agrandando por las consecuencias del coronavirus. Porque aunque no quede más remedio los conciertos, los recitales… no suenan lo mismo a través de una tablet que con tus oídos en directo.

Pero quizá en el inmediato futuro, la nueva normalidad de la que tanto se habla pero nadie entiende, lo que más desasosiegue sea el desempleo. Se padeció una gran crisis económica y se está sufriendo otra que puede tener un calado aún mayor, alarmados todavía porque nuestro catarrazo pueda sumar un número más de contagiados de la pandemia. Pero intranquilos también porque los ERTE pueden engrosar en miles de ciudadanos las listas de paro, y si en los mandatarios españoles tienen los suficientes recursos –contando los europeos- para abordar esta situación, con unas solicitudes de renta mínima que se van multiplicando, pero para las que no existe una rápida respuesta, mientras desde el Gobierno se discute sobre el sueldo de los funcionarios de sí, o no, o quizá, mientras entre los ministros el debate se extiende a aumentar o no la edad de jubilación, ante la falta de recursos para pagar las pensiones, mientras que al otro lado de la balanza lo jóvenes cada vez llegan más tarde a su primer empleo digno o indigno.

Se iba a cambiar a España y a salir más fuertes. El Covid habría que aprovecharlo también como una oportunidad. Pero casi en todo se ha desperdiciado la posibilidad. Al primer revés, se cierra todo y no hay alternativas. Realmente, Guerra tenía razón cuando decía que a esta España no la iba a conocer ni la madre que la parió, pero no a la suya, sino a la nuestra.

La ‘nueva normalidad’ con cambuj

Nos aseguran que estamos en una ‘nueva normalidad’, que para el experto en el uso de nuestro idioma Álex Grijelmo es algo imposible, porque lo que es nuevo no es normal, y para cuando quiere ser normal, ya se ha hecho viejo. Pero es el juego de las palabras con el que nos quieren manipular día a día la cruda realidad.  Hemos estado usando términos con el significado erróneo, y otros ni se nos han ocurrido, pero quién podía pensar que el vocablo ‘cambuj’ es lo mismo que mascarilla. Se originó en el latín con caputium (capucha), pero parece que el paso de los siglos la haya enmascarado. ¿Qué les parecería volver a utilizarla?

Sin embargo surgen voces que nos proponen retos  en medio de esta situación que estamos viviendo. Una de ellas esa la de Isabel Sánchez que acaba de publicar el libro ‘Mujeres Brújula’ (Espasa)  y que nos sugiere en la ‘nueva normalidad’ concentrarnos con pasión en lo posible, cuidar a las personas que nos rodean y acentuar la creatividad para afrontar los nuevos escenarios sin esperar a que la pandemia ‘pase’. Sánchez ha recorrido el mundo en busca de mujeres que mientras se marcaban retos han sobresalido en difíciles momentos. San Juan de la Cruz escribió ‘pon amor donde no hay amor y sacarás amor’ , y en situaciones anormales hay que tomar decisiones también diferentes y arriesgadas, y no mirar atrás por esas determinaciones a veces incomprendidas.

No podemos ni debemos esperar a que nos autoricen a quitarnos la mascarilla para abordar cómo vamos a encarar el presente y el futuro. No debería mandar el covid sobre nosotros. Es cierto que nos incita a vivir más el carpe diem, pero esto no debería ser suficiente.  Es muy difícil que la mayoría de nuestras conversaciones no gire en torno a este virus, pero deberíamos intentarlo, no solo por abordar nuevos desafíos, sino también porque desconocemos mucho de este coronavirus como para pretender tener la razón siempre, algo muy propio nuestro y de nuestros conciudadanos. Ignoramos desde saber cómo evolucionará el bichito hasta el tiempo que durará la inmunidad para aquellos que gozan de ella.

No es fácil ni para nuestros mayores, especialmente, ni para nuestros jóvenes, y a los dos por razones diferentes. Nos hemos preocupados por los adolescentes cuando algunos de estos han socializado más a través de los videojuegos que en la calle. Están pasando con normalidad, la nueva y la de siempre, lo que les toca de pandemia. No así los mayores. Quizá sea este otro momento donde mostrar la generosidad de la gente corriente para con los demás.

 

*  Pueden ver el diálogo sobre el lenguaje en el canal de YouTube del Museo de la Evolución Humana.