Des-concertados

Siempre me he preguntado por qué a los padres de la educación concertada algunos partidos políticos les obligarían a tener que pagar dos veces, la primera con los mismos impuestos que abonamos todos los españoles,  la segunda, con el recibo que les llegaría a final de mes del colegio elegido. Si ya han pagado como los padres de la pública una vez, por qué hacerlo dos.  Por qué se empeñan algunos socialistas en discriminar a las familias que eligen esta educación por la causa que sea, porque al final son ellos, los padres, los que tienen la responsabilidad de la formación de sus hijos, sin tener que dar cuenta a nadie, solo a la ley. La mayoría de los alumnos de la concertada no son precisamente hijos de familias ricas.  Algunos habrá, lógicamente, pero este es un modelo de colaboración que desarrolló inicialmente Felipe González y que se ha convertido en una columna del sistema educativo, elegido por el 25 por ciento de las familias.

Los motivos por los que unos padres eligen el modelo concertado son muy diversos, igual que los de aquellos que optan por el de una educación dirigida por el Estado. Y los dos deben ejercerlo con total libertad para dar cumplimiento al precepto constitucional.  Lo que parece que está sucediendo actualmente es que el Gobierno intenta reducir la presencia de la concertada en el modelo educativo, cuando esta favorece la elección a familias con pocos recursos; si no existiera, la posibilidad de optar por otra educación estaría supeditada a la renta. La ministra de Educación pareciera que quisiera estigmatizar a estos alumnos cuando son las clases medias las que optan generalmente por estos centros. Ni establece diferencias económicas ni supone entregar la instrucción de los menores a la Iglesia.

Insistir en estos momentos como razón para el mantenimiento de la concertada de que la variedad de modelos educativos es síntoma y requisito de madurez democrática podría parecer innecesario, pero es necesario hacerlo si miramos además a lo que ocurre en el resto de los países del mundo, donde la media es que el veinte por ciento de los alumnos recurre a la privada-concertada. Y además, la cantidad de dinero que el Estado entrega a cada tipo de centro difiere bastante, según datos de hace tres cursos, a los concertados se les dio 2.917 euros por estudiante, y la pública recibió 4.568.

Uno de los objetivos fundamentales del Estado es lógicamente mantener el nivel de la enseñanza pública, pero no legislando contra las familias que han elegido la enseñanza concertada (que son el 29 por ciento de la secundaria obligatoria) y que han sufrido la pandemia como todos los demás, y ahora son excluidos en el proceso de reconstrucción.

Bien suena para un eslogan cuando el presidente Sánchez o el vicepresidente Iglesias hablan de que no hay que dejar a nadie atrás en esta pandemia, pero con estas decisiones lo único que muestran es que son excluyentes y sectarios, y que a lo que tienen miedo es a la palabra libertad. Y más deberían ocuparse en prestigiar la figura de los docentes tanto de la pública como de la privada-concertada, que en decisiones ideológicas que lo que hacen es separar más que unir.

Digitales

El Digital News Report es un informe que se viene realizando en los últimos años dirigido por el Instituto Reuters ubicado en la Universidad de Oxford y que pretende conocer los hábitos de los ciudadanos en relación con la información. En España los coordinadores de este trabajo son profesores e investigadores de la Universidad de Navarra, entre ellos el burgalés y doctor en Comunicación, Alfonso Vara, en un mundo donde la movilidad está siendo básica para el seguimiento de las noticias.

Este año han preguntado por vez primera a los usuarios de noticias digitales sobre su interés en la información local. Este informe –y corrobora lo que ha hecho desde 1891 Diario de Burgos en su edición impresa- resalta la buena valoración de la información de proximidad en España, ya que el 62,5 por ciento de los internautas está totalmente interesado o muy interesado en esas noticias locales, provinciales o autonómicas.  En el caso de nuestro país sube 15.5 puntos más que la media de los 40 países analizados.  Y ¿cuál es el público? Pues casi un 70 por ciento de los mayores de 45 años están muy interesados; un 57 por ciento de los jóvenes entre 25 y 34 años y un 59 por ciento de los adultos comprendidos entre 35 y 44 años. Por el otro lado, de los que responden ‘no mucho’ ninguna franja de edad supera el 10 por ciento excepto los chavales de 18 a 24 años que alcanzan el 11 por ciento.

Más de la mitad de los usuarios eligen para informarse el periódico local y su sitio web, cuatro de cada 10 su televisión local.  En relación a las fuentes no periodísticos no deja de ser relevante que casi tres de cada diez acudan a redes sociales como Facebook, a foros o a lo que siempre se ha llamado boca a boca que ahora se valora como comunicación personal –vecinos, amigos, familia, la barra de un bar-. Los mayores de 45 son los que más acuden a las fuentes periodísticas locales, un 78 por ciento.

Y qué están mirando aquellos que no dejan de ver la pantalla del móvil si a información se refiere. Pues Facebook y Whatsapp siguen liderando la clasificación de redes sociales con un 44 y un 34 por ciento. Twitter va creciendo en uso informativo, al igual que Instagram, con un 17 por ciento.

Si el uso no es solamente informativo,  whatsapp lidera con un 81 por ciento, Facebook 69, YouTube 69 e Instagram ya es la cuarta red con un 47 por ciento, sobre todo por el crecimiento entre los más jóvenes que alcanza el 66 por ciento.  Facebook sigue siendo la red más utilizada entre los adultos. Dos de cada 3 usuarios consumen vídeos informativos todas las semanas

Pero quizá lo más preocupante sea que ya un 65 por ciento de los españoles señalan al Gobierno, a los políticos y a los partidos como las principales fuentes de desinformación.

No es lo mismo

Claro. Ya lo ha multirepetido Alejandro Sanz miles de veces en su canción. No es lo mismo arte que hartar… Y si no tenemos cuidado podemos llegar hasta el hartazgo sustituyendo las emociones por los encuentros digitales. No es lo mismo ver una película en la butaca de una sala de cine, que en el sillón de tu casa, aunque el pantallón televisivo tenga 214 cm y 85 que ya es tener. Ni es lo mismo asistir en directo a un concierto de The Boss que hacerlo a través de tu tablet, es que ni puedes bailar. Ni escuchar una sinfonía en un auditorio que en Radio Clásica o en Ivoox, por muy buena que sea. Ni ver un partido de fútbol de tu equipo preferido en casa que en el campo de fútbol, puro o cigarro incluidos.

No es lo mismo, aunque sí que resulta más barato al ciudadano abonarse a Netflix que ir a cualquier multisala cinematográfica, ver un concierto en Youtube aunque sea de pago, que pagar más de 100 euros por escuchar a Springsteen, Bisbal o al propio Alejandro Sanz. O contemplar las hazañas futbolísticas de tu Madrid mientras te tomas un Gin Tonic, que aguantar al compañero de lateral o fondo en el estadio. Pero, si puedes, apuestas por lo segundo, claro. ¿No veis que no sois iguales? dice el cantante madrileño. Ni contemplar una obra de arte que una fotografía. Que sepas que hay gente que trata de confundirnos, añade Sanz. Pero habrá que buscar la manera de abrazar, de sentir, de comprender, de escuchar, de querer, y hasta de sufrir. No vayamos a perder poco a poco los sentimientos detrás de una mascarilla que no sirve para nada porque ya la hemos utilizado más de cuatro horas y debería ir a la basura.

Nos han querido encerrados. Cada administración pública en la mayoría de los países se ha guiado por criterios más  o menos unánimes, de la separación y en casa. Hemos visto fotografías que nos hacían llorar del saludo de los hijos a los padres a través de una puerta cerrada con un cristal por medio. De los nietos a los yayos desde las ventanas. Hemos abandonado los aplausos, quién sabe por qué. Hemos dejado de cantar en los balcones. Y algunos han creído que son inmunes.

Es cierto. Lo primero es la salud… y el trabajo. Y el bienestar de los tuyos. Y para ello, si es necesario, tele trabajamos todos los días. Y alimentamos el cuerpo. ¿Pero dónde dejamos el espíritu, el alma? No creo que muchas de las actividades a las que hemos podido dedicarnos a lo largo de esta alerta sanitaria, de este confinamiento, nos hayan levantado. No hablo de las otras tareas que probablemente les hayan ocupado, de atención a los demás, desde su profesión o su voluntariado. Pero comienza de nuevo el momento de contemplar.

Los bloques bloquean

Los partidos políticos crean bloques: bloquean, y cuando la sociedad necesita estar más unida que nunca, buscar lo que une, más que lo que separa, no son principalmente los mejores aliados, pero desgraciadamente son los que mandan y hay que contar con ellos, para lo mejor y para lo peor.

Los partidos políticos -algunas de las personas que los forman- parece que son los únicos capacitados para mentir sin que su falsedad tenga apenas consecuencias. Para los ciudadanos en ocasiones suponen juicios sumarísimos y la pena del banquillo, aunque salgan inocentes. Son sus miembros los que pueden insultar impunemente, y desgraciadamente simulan buscar el interés público, cuando lo que les mueve es el interés personal.

Ha tenido que ocurrir una situación de pandemia, con casi 50.000 fallecidos -directamente por el Covid19 o indirectamente- para que afloren los intereses de algunos de nuestros gobernantes. Generalizar es de idiotas, dicen, pero hay suficientes ejemplos para demostrar que en esta nueva Liga ni hay juego de equipo ni están los mejores sobre el campo.

Es cierto que cuando tienes que formar un grupo más que la capacitación se puede optar por la confianza y lamentablemente por la subordinación. Solo así se entienden algunas situaciones de personas que continúan sobre el césped, cuando probablemente en otras circunstancias lo hubieran abandonado antes, aparentando alguna lesión, cansancio o incluso una tarjeta roja similar a una insumisión.

Por ejemplo, ¿se han enterado los ciudadanos en que consiste la ‘nueva realidad’? Es clave atender a aquellos con mayor necesidad, y es normal que ninguna de las coaliciones votará en contra en la Cámara Baja, pero qué se está haciendo para el medio o largo plazo, porque solo con las ayudas es difícil sacar un país adelante. Y no solo a nivel estatal, también autonómico, provincial o local. Sería bueno probablemente un debate sobre el estado de la nación, de la región o de la ciudad, porque sabemos a dónde vamos en cualquiera de nuestros ámbitos de actuación. En ese debate emergerían de nuevo la mentira, las acusaciones, los exabruptos… pero obligaría a pensar a sus participantes, a comprometerse y quizá a proponer ideas conjuntas, y no esa comisión de reconstrucción que a nadie convence, y para poco sirve salvo el ‘y tu más’.

No es fácil, pero para eso han sido elegidos en cualquiera de las urnas donde los españoles han votado. Ahí se tiene que ver la capacidad de un alcalde o un presidente, no en las redes sociales, sino en su idoneidad para responder a cualquier crítica que surja de la oposición. Y estos junto a la crítica deberían presentar sus alternativas talentosas y eficientes. Faltan años para unas nuevas elecciones -salvo en Galicia y el País Vasco-, pero muchas personas piden conocer de verdad y con datos reales cuáles son los pasos que quieren dar tanto los gobernantes como sus contrarios.

Seguimos siendo números

Hace unas semanas, en este mismo espacio, afirmaba que los fallecidos por la pandemia, para algunos, eran números más que personas. Ni un gesto, ni una lágrima. Las banderas con crespón no iban a devolver la vida a nadie, pero era un grito a los que se quedaban de que no estaban solos. Hemos pasado ya los 10 días de luto nacional, hoy entramos en Castilla y León en la Fase 2, que viene a ser como la 1, excepto aquellos que todavía tienen miedo al contagio, con bastante razón, y que en lo que va a cambiar fundamentalmente es en que se puede entrar a los bares, a los cines y teatros, y que abren las grandes superficies. Parece que los deportistas aficionados también cuentan con más libertad. Y me olvidaba el fútbol… Y todo con las medidas sanitarias necesarias de distanciamiento social y de uso de la mascarilla.

Pero seguimos siendo números, lamentablemente  solo así puede explicarse que para la cifra de fallecidos en un día existan cinco diferentes datos, algunos sin justificación posible.  Parece que casi todas las Comunidades Autónomas están actuando con lealtad, parece… Pero en la nación siguen creyendo que esta batalla es de buenos y malos y no cesan los despropósitos, cuando la realidad es que ha sido y es de vivos y muertos. Y desgraciadamente hay miles más víctimas de las que brindan diariamente los voceros del gobierno.

No va a ser fácil la desescalada. Aparenta que la gestión de los ERTE está siendo positiva y salvando muchas pymes y medianas empresas. El Ingreso Mínimo Vital será una solución inicialmente para muchas familias, pero todo ello ralentizará la creación de empleo. En otros asuntos, como la educación, ha vencido, sin embargo, la desgana. Es cierto que hay todavía alumnos que no cuentan con acceso a internet en sus domicilios, pero no es una gran mayoría. Parece que existe un cierto cansancio por no encontrar la solución definitiva al próximo curso e incluso para algunos los suspensos pasan a ser testimoniales. Y todavía están pedaleando con qué se hace con los niños pequeños y guarderías para facilitar la conciliación en las familias. Los centros se están volviendo locos intentando gestionar cómo van a evitar que los pequeñajos se abracen, se saluden o jueguen. O llenan los colegios de corralillos o será muy difícil. Aquí también hay números y no personas, o personitas.

Y la nueva realidad será muy cercana al momento del que venimos. Mañana el Gobierno aprobará un Real Decreto con las normas para vivir mientras llega la vacuna o las medicinas que curen del Covid19. No nos olvidaremos de las mascarillas por algún tiempo, mientras los médicos no paran de insistir en que el rebrote en otoño puede plantearse. Conviviremos en algunos trabajos con las actividades presenciales y digitales, que no han llegado para quedarse porque nunca serán lo mismo que escuchar un concierto en directo. Y porque trabajar en equipo, es eso, en equipo, aunque sea a dos metros entre uno y otro.

#Rosconforpresident

Roscon tiene 11 años, varios hermanos, y es un crack. Solo hay que ver los vídeos que su madre, Samantha Vallejo Nájera, sube con él a Instagram. Tiene Síndrome de Down, pero eso no le impide sonreír, crecer, llorar, abrazar a los suyos y hacer mejores a los que están en su entorno. Me lo hace a mí, que solo le veo en la pantalla de un móvil.

A los chavales con necesidades educativas especiales, unos 40.000 dicen que hay en España, les quieren quitar los Centros de Educación Especial donde se forman, aunque la ministra haya tenido que salir a desmentirlo ante la protesta unánime de todos los padres. Bien saben ellos que a sus  hijos, que ya habían compartido aulas en colegios ordinarios, les ha costado más avanzar que en sus propios centros. Es cuestión de recursos y presupuestos. Y por mucho que pretendan prepararse juntos todos lo que logran es retroceder juntos, por toda la buena intención del mundo que se ponga. El esfuerzo de cada chaval tiene que ser enorme.

Esa preocupación de los padres  parte del nuevo proyecto de Ley Orgánica para la reforma de la Educación –LOMLOE-, que en su disposición cuarta establece:   “Las Administraciones educativas velarán para que las decisiones de escolarización garanticen la respuesta más adecuada a las necesidades específicas de cada alumno o alumna, de acuerdo con el procedimiento que se recoge en el artículo 74 de esta ley. El Gobierno, en colaboración con las Administraciones educativas, desarrollará un plan para que, en el plazo de diez años, de acuerdo con el artículo 24.2.e) de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas y en cumplimiento del cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad. Las Administraciones educativas continuarán prestando el apoyo necesario a los centros de educación especial para que estos, además de escolarizar a los alumnos y alumnas que requieran una atención muy especializada, desempeñen la función de centros de referencia y apoyo para los centros ordinarios.”

Eso es lo que hay, ni más ni menos. Que los centros ordinarios atiendan al alumnado con discapacidad. Que los centros de educación, además de escolarizar a unos pocos, se conviertan en centros de referencia y apoyo. Vamos, se pueden dar  vueltas a la interpretación, porque tanto vale una como otra, pero lo que muestra de nuevo es el miedo a la libertad de los políticos que nos gobiernan. Por eso crean problemas con el concierto donde no los había, con la separación en la educación, cuando varias generaciones se están formando sin problemas, en España y en el mundo, con la posibilidad de que cada padre elija el centro donde quiere que sus hijos estudien. No es una cuestión de derechos sino de libertades, asegurando una buena educación pública para quien opte por esta solución, y no pública para quien así  lo desee,  porque de los padres es la responsabilidad mayor de instruir a sus retoños.

#Rosconforpresident es el lema que ha elegido su madre para este jovencillo apuesto y divertido.  Y los 40.000 como el que necesitan un apoyo especial.  Porque , para intentar el acceso igualitario –para todos y todas sin exclusiones- de otros niveles de enseñanza, lo que no puede ser igual es el período previo de aprendizaje, porque son diferentes.

Una EBAU engañosa

No quiero liarles.  Pero por lo que he leído, y se puede observar en los modelos de examen de la EBAU en las diferentes Comunidades Autónomas parece que el modelo vuelve a contar con dos marchas, y que a nuestros chavales castellanos y leoneses les volverá a tocar ser los mejor preparados para tener las mismas notas o mejores que madrileños, andaluces o murcianos. Habrá que aplaudir de nuevo a los profesores que lograrán que estos chicos alcancen esas notas, pero no estarán en igualdad de oportunidades con los estudiantes del resto de España. Porque no hay examen único, pese a la insistencia de nuestros próceres, y porque a la hora de las diferencias estas vuelven a ser notables con eso que denominan ‘optatividad’, o más sencillo capacidad de elección de las preguntas que puedes responder.

Un ejemplo, el de la asignatura de Historia, la de España, que tiene nada más y nada menos que 97 temas, a estudiar en una situación tan confusa y compleja como la que están viviendo los alumnos de 2º de Bachillerato actualmente, y con las diferencias existentes entre unos centros y otros, unas provincias y otras, unas regiones y otras. En Castilla y León, por ejemplo, en los dos primeros apartados de los cinco existentes en la Evaluación del Bachillerato para el acceso a la Universidad, y donde se te asignan 4 puntos, tienen que elegir 2 temas de los 4 que se presentan. En Madrid (¿Por qué en estos asuntos siempre sale la capital del Reino?), Murcia y otras… cuentan con 12 para elegir 4, vamos que si andan un poco pilladillos pueden dejar de estudiar algunas lecciones con la seguridad de que el resto estarán en las 4 por las que pueden optar. En los tres apartados siguientes, en nuestra región seguimos eligiendo (recuerdan, eso que llaman optatividad), mientras que nuestros amigos de Madrid, Murcia y otras… pues cuentan que bien una parte, el siglo XIX o bien otra, el siglo XX salen seguro, ya elijas el comentario de un texto o el desarrollo de un tema. Nuestros chicos, en cambio, tendrán que amarrar bien todo, porque de todo les preguntan, si bien pueden elegir una pregunta u otra, pero de cada una de las áreas. Además, los ‘otros’ cuentan con una opción sencilla de un comentario que cuenta con 1,5 puntos. Y ya se verá cómo se hacen los exámenes pues son casi 10.000 los que se pueden encontrar, 1.400 de Burgos.

Se hablaba de opcionalidad total para la EBAU en España, parecía que se iría a un examen único, y no va a ser así. Y probablemente estemos orgullosos de los jóvenes castellanos y leoneses y de sus maestros porque cuentan con la mejor puntuación en esas pruebas que año tras año se realizan a nivel europeo, mientras  que cuando las pruebas son españolas y a nivel estatal pues nos colocamos en la Liga de Campeones desde la propia Comunidad, que para esto sí que somos autónomos, mientras que otros dirigentes se conforman con la Primera División. Si alguien se pone en la situación de nuestros queridos docentes que durante estos meses se las ven y se las desean para que sus alumnos enganchen con la enseñanza digital, y a los que ahora les tocará puntuar los exámenes, quizá hasta lleguen a la conclusión de que la magnanimidad puede ser su mejor virtud a la hora de corregir.

Cofinados

Lleva la mayoría de ciudadanos de Castilla y León más de dos meses confinada. Fase 0 que le llaman, donde se te permite salir a dar un paseo, hacer algo de deporte -1 hora donde puedes hacer trampas-, comprar en algunos lugares, ahora también ir a la peluquería previa cita previa y probablemente dentro de una semana hacer cola para sentarte en una terraza con la familia o los amigos mientras te tomas una jarra de cerveza, o un vaso de coca cola, en cualquier plaza de Burgos con cafeterías que hayan podido mantener el negocio. Y se cree que se ha vuelto la normalidad a un país donde ya han fallecido muchas personas, y donde todavía van a morir unas cuantas más, porque este bichito es bastante contagioso, aparte de desconocido, con lo que apenas se prevé  por dónde puede responder frente a los ataques que reciba.

Por eso los ciudadanos están  ya muy cansados. Miran a los mayores con respeto y cariño, hasta que se te cruzan por la calle a las seis y media de la tarde cuando su turno es a las siete, y les sorprenden sin mascarilla. Y los niños que siempre te gustaron, y a los que sonreías, si asoman sus naricillas a las ocho ya te conviertes en Herodes, porque ahora has descubierto que pueden ser asintomáticos pero eso no impide que se conviertan en contagiosos. Lo peor llega cuando esas otras pandillas de jóvenes se concentran en lugares perdidos porque también creen que son inmunes.

Mientras tanto, las redes sociales arden y se multiplican las batallas en una guerra política que todavía busca sacar rendimiento electoral a la pandemia. No lo dicen así, pero está claro. Ministros que no saben dónde pisan, ni lo que pisan, y sobre todo que no conocen apenas de su trabajo. Responsables de comunidades autónomas que transforman las fases en su antojo y ya estamos en el 0,5, en el 1, o en el 1,80, según les venga bien.

Todavía no se han dado cuenta de que esta batalla no es de buenos y malos, sino de vivos y muertos. Y que nos piden que estemos ojo avizor ya no solo con la Fase 3, sino hasta el infinito y más allá, y nos tengamos que ir con Buzz al espacio sideral. Y eso que la piel de las manos ha iniciado ya hace tiempo su proceso de conversión a escamas, con tanto contacto con el agua. Además, en ocasiones se duerme peor y pueda ser que nos convirtamos en zombis.

O estamos unidos, o lo vamos a pasar muy mal. O comenzamos a buscar lo que nos une, o esta crisis sanitaria se va a alargar en el tiempo. O hablamos más alto que el griterío de los irresponsables o acabamos con nuestro planeta.  “Ya va siendo hora de que la humanidad sea adulta, y empiece a decidir qué cosas no puede hacer” asegura Juan Luis Arsuaga. La vida es resolver problemas, insiste habitualmente el científico, y para eso cada vez es más necesaria la armonización social, el respeto al otro, caminar juntos con un objetivo común en circunstancias como la pandemia. Y si no estás dispuesto, te callas.

Un pueblo español que merece la pena

Si esto se lo cuento antes del confinamiento no se lo hubieran creído, como que 2 profesores universitarios, al menos, porque probablemente hayan sido unos cuantos más, estuvieran dando clase virtual, claro, el día 23 de abril, festivo, desde su casa a una panda de estudiantes deseosos de ir sumando materia antes de unos exámenes finales que algunos consideran ‘patrióticos’. Tampoco que centenares de personas estuvieran con las máquinas de coser en todo Castilla y León confeccionando mascarillas, buscando las condiciones sanitarias para que pudieran distribuirse, y trabajando a buen ritmo. Pero estos son dos ejemplos de las decenas de miles que recorren todo el territorio. He visto a personal de los museos buscando la manera, con pocos recursos, donde lo que vence es la imaginación, para que mayores y pequeños pudieran acercarse un poco más a lo que ofrecen habitualmente y cultivar el ocio. A músicos salir a los balcones, ofrecer conciertos gratuitos a través de las redes sociales, y hasta participar en conversaciones. A Rafael Nadal entrevistar a sus más directos rivales. A los miembros de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, profesores, técnicos, ofreciendo lo mejor de ellos mismos, y prueba de ello es encontrar a más de 60 personas desde sus casas, junto con la cantante israelí Noa interpretar La vida es bella (no se lo pierdan en su canal de youtube), y programando nuevas cosas, tanto es así que me he aficionado a la música clásica, algo que, si viviera mi padre, que lo intentó y no lo consiguió, se sorprendería. O los que trabajan desde el  MEH con sus visitas virtuales, y preparando nuevas ofertas para las próximas semanas.

Lo escribía la semana pasada en esta Página Par, todos quieren participar con lo que saben en que estas semanas puedan hacerse más llevaderas. Los cocineros también con sus recetas y puestos a recomendarles, lo nuestro: Miguel Cobo y Antonio Arrabal en Instagram, y también Jordi Cruz, que me cae bien y además se le ve buena mano.

Al menos los niños pueden ya salir, y los abuelos tendrían que deber hacerlo, con toda la seguridad del mundo, pero respirar algo el aire. Hace unos días, después de estar varios sin bajar a la calle, fui a tirar la basura al contenedor, a apenas 50 metros del portal, y casi no llego de atrofiadas que tenía las piernas. Por eso también admiro a aquellas personas que se han puesto a andar por la casa -he visto vídeos de gente con más de 90-, a otros haciendo yoga o siguiendo una clase de yoga por internet, o a mi sobrinillo media hora, puntualmente todos los días, con un programa de la Wii que le hace moverse de lo lindo. Envidia, porque para esto no he nacido, aunque quién sabe, igual después de mi conversión a lo clásico, quizá me apunte a un gimnasio cuando Sánchez me deje escapar.

España llora

Recuerdo los primeros días de salida a las ventanas y balcones. Todavía no empezaban a llegar las noticias de los fallecidos por el virus, de los ingresados en hospitales o en las UCIs, del esfuerzo real de nuestros sanitarios, que ha llevado a que miles de ellos estén contagiados, de todos aquellos que están luchando frente a la pandemia. O de las decenas de miles de personas en toda España que supuestamente han pasado el contagio aislados en sus casas, con la preocupación y ocupación que eso supone para quienes les acompañan. Ahora, cada vez que me asomo a las ocho de la tarde, las ideas se agolpan y cada aplauso va para millones de personas, desde aquellas mujeres que fabrican mascarillas en sus casas, o los floristas que reparten claveles a la puerta de los hospitales, o los pasteleros que hacen llegar sus productos a las residencias de ancianos, o de aquellos que han escrito a los enfermos para que intenten, al menos durante unos minutos, alejarse de su soledad.  Y se escapa una lágrima.

He visto una fotografía del alcalde de Burgos colgando un lazo negro en el balcón de la Casa Consistorial. Le aplaudo. Porque otro de los temas que me sorprenden, también cada día, es la forma en que hemos tratado a nuestros muertos, muchos de ellos mayores, en algunos casos como si tuvieran la culpa de llegar a esa edad. Confieso que ahora veo las esquelas en el periódico y me fijo especialmente en los años que tienen los fallecidos y se me escapa una oración por cada uno de ellos. Tenían que estar todas las banderas de nuestro país a media asta o con un crespón negro. No podemos acostumbrarnos a perder cada día centenares de ciudadanos, muchos de ellos vecinos, con los que quizá nos hemos cruzado en algún paseo, o familiares a los que no pudimos ni despedir. Merecen un homenaje también nuestros ancianos, que se esforzaron en sacar este país adelante.

He pensado también mucho en mis padres, ya no están con nosotros desde hace algún tiempo, pero me imagino cómo lo hubiera pasado si todavía se encontraran en este tiempo. Y me acuerdo también de lo que deben estar sufriendo mis amigos con los suyos si todavía viven. Y también se me escapa una oración por ellos, y un aplauso a las ocho. Veo a los miembros de nuestro Gobierno cansados, pero no parecen mostrar ni un ápice de sentimientos. No pasa nada porque oficialmente España esté de luto durante el confinamiento. Nada. No nos impide tampoco intentar seguir disfrutando de las cosas, de ese mundo de la Cultura tan denostado por la ministra de Trabajo, que, junto al Ocio y al Turismo, pretende dejarlos encerrados hasta finales de año, con la anuencia de su titular ministerial, que todavía no ha dicho ni esta boca es mía.  Pero de eso ya hablaremos en otro momento.