Me gusta el rugby

Miles de aficionados al deporte se sumaron ayer a buen seguro a la afición por el rugby a través de La 8 televisión. Y además con el pedazo de árbitro que iba narrando todas sus decisiones que te acercaba a un juego desconocido. Así ocurre en este deporte, de leones y leonas, y donde España está ocupando cada año un lugar mejor en el entramado mundial.

En Burgos tendremos que esperar, después de una temporada imbatidos y una fase de ascenso con vaivenes. Este domingo hemos jugado con un equipo preparado para subir, que ya ganó el campeonato en la División de Honor hace poco tiempo, y le hemos vencido en su casa, pero por un punto menos que el que debíamos, mas le hemos ganado con una gran defensa y un pundonor digno de los mejores.

Todo esto tiene unos ‘culpables’: una directiva entregada, un equipo sacrificado y un entrenador incombustible. Además es de los argentinos que se valoran por lo que realmente valen.

El último campeonato del mundo también atrajo muchas miradas. Hay equipos de países mínimos y de grandes potencias o a quién no le suena en Europa el Seis Naciones, o ha oído hablar de sus símbolos, como el Cardo, la Rosa de Lancaster o el Trebol. Si hasta un equipo de rugby, de un país al otro lado del globo, ha ganado este año el premio Princesa de Asturias de los Deportes: los All Blacks, de la que muchos habrán visto alguna de sus hakas en vídeo.

El Club UBU Aparejadores no cuenta con aficiones mayoritarias, pero sí leales, ni todavía con hakas e himnos. Han formado un equipo con jugadores de lugares donde se mama el rugby como Inglaterra, Sudáfrica y Argentina, con otros nacionales y se han puesto desde hace alguna temporada a pelear por el ascenso. Parecía que este año lo tenían más cerca dada la trayectoria. Ahora solo queda un milagro, que es ganar a un club de División de Honor, con bastante tradición, como es el Getxo, pero si hay milagros que pueden ocurrir, eso le puede ocurrir al Aparejadores, aunque también es verdad que no es el cuento de la lechera y lo fácil que ocurra es que no se venzan ninguno de los dos partidos.

Y después habrá otra temporada donde esta vez quizá puedan llegar a la máxima división de un deporte que va en ascenso, que mantiene sus nobles tradiciones, como el ‘tercer tiempo’ entre los dos equipos, donde se hace el pasillo al equipo contrario y las lesiones graves se suelen esquivar a pesar de la fuerza con que se emplean, pero donde impera la nobleza. Lo saben en Castilla y León donde dos de sus equipos año tras año llegan como campeón y subcampeón al final de la liga, y en la misma ciudad, pero con franca una rivalidad. Eso es el rugby, y por eso me gusta.

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