Equipazo científico

La semana pasada, la revista Science publicaba un artículo de gran relevancia mundial, sobre el descubrimiento de una mandíbula, atribuida a los sapiens, en Israel y que sería la más antigua encontrada hasta ahora.

En ese hallazgo, científicos pertenecientes a centros de investigación burgaleses no solo no la han datado, sino han podido reconstruir su morfología, y fijarse en algunas de las características de nuestros antepasados, lo que ha posibilitado la publicación de este artículo en uno de los medios de más prestigio científico.

Sería de un joven de 20 años, y probablemente fijarían allí su territorio estos sapiens ‘africanos’ al encontrarse con dos grandes barreras, la climatológica y la de los neandertales que estaban ocupando en esos momentos Europa. Tanto, que de los 190.000 años que podría tener este fósil, a los 25.000 que tienen los primeros sapiens españoles va un largo trecho.

En Burgos, que estamos acostumbrados a la aparición de restos más antiguos campaña tras campaña en Atapuerca, estas noticias no adquieren la suficiente relevancia. En el mundo, donde hay apenas fósiles, sí. Y el equipo mundial que ha trabajado en este ‘paper’ de Science proviene de los cinco continentes.

Pero en Burgos la investigación suponía algo más. Pocas veces han firmado conjuntamente miembros del Cenieh, del Museo de la Evolución y de la Universidad de Burgos un ‘paper’ con tanta repercusión. Es cierto que todos ellos ahora, con la incorporación de María Martinón al Centro Nacional, pertenecen al Equipo de Investigación de Atapuerca, pero también es verdad que la relación entre las instituciones se puede fortalecer aún más con la unión existente entre los científicos e investigadores. Son un equipazo que en pocas partes de Europa se podría clonar, y precisamente ahora donde la investigación sobre nuestra propia especie parece haberse puesto de moda con los descubrimientos en el norte de África.

Es una imagen clave en eso que Martinón ha declarado como ‘Burgos, capital científica’, porque lo importante es hacer equipo, no solo de los propios investigadores, sino de las instituciones. Y ahora ya se va consiguiendo. En la Universidad no solo en el capítulo de prehistoria están posicionalmente bien colocados en relación con el resto de centros españoles. Este artículo, tres de sus miembros lo han firmado. Hay también otras áreas de investigación donde la UBU está destacando mucho gracias al impulso del equipo rectoral. Y de eso también tenemos que felicitarnos. Además la Fundación Atapuerca sigue apoyando también a los jóvenes científicos en la elaboración de sus tesis. Hasta a José María Bermúdez, y que me permita la broma, se le ve más sonriente. Con estos mimbres no será difícil seguir creciendo.

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