11
Ene 16

eL 2016

Lo primero, el año 2016 no habrá elecciones políticas, al menos eso espero, salvo en algún territorio donde parece que no se ponen de acuerdo pero que a buen seguro a partir de este domingo renegociarán la investidura. Así que se acabaron las promesas electorales, y habrá que ir exigiendo realidades a nuestros representantes públicos.

Muchas llegan por las infraestructuras, por el AVE que nunca alcanza la estación que mantenemos en una esquina de la ciudad, pero parece que estará a principios de verano, como última parada en Burgos en su camino hacia Europa. Bien parece que los técnicos se hayan puesto a trabajar en serio con el siguiente paso que es llegar a Vitoria. Para ello todavía quedarán años. Pero hasta que no exista una conexión real desde Madrid por Burgos con el resto de la Unión la alta velocidad no tendrá la efectividad real que necesita. Eso sí, se nos acorta el viaje, y ello no deja de ser importante, con la capital de España, y también para los vecinos norteños, que en Burgos, camino de la capital, ampliarán su velocidad. Lo mismo que nos ocurre a nosotros cuando viajamos a Barcelona desde Zaragoza. Por algo se empieza… eso sí con mucho retraso.

Debería ser el año del inicio del Parque Tecnológico de Burgos. Tendría ser un compromiso ya personal de la Junta de Castilla y León con Burgos. Y no contaría con que llegara solo. Cuando llevamos meses escuchando hablar de recuperación económica, podrían acompañarle uno o varios panes debajo del brazo, con industrias emprendedoras y puestos de empleo. No es tarea fácil. Pero sería una manera de darle a Burgos algo que viene reclamando y mereciendo ya desde hace unos cuantos años, siendo además la fortaleza industrial de la región y que puede empujar para la creación de puestos de trabajo.

2016 es también el año del fin de las obras de la Catedral -al menos las del siglo XX y XXI- . Recuerdo perfectamente el inicio con la caída y posterior resurrección de San Lorenzo y el concierto de Mike Oldfield, con la plaza de toros a oscuras resonando a toda voz “Burgos, Burgos, Burgos”. Fue el inicio que supuso la implicación de numerosos particulares y muchas empresas en la recuperación del edificio más emblemático. La campaña se lanzó desde este periódico y hemos llegado al año en que casi todo estará cumplido. Es momento de darse y dar la enhorabuena a muchísima gente.

Seguimos con puntos negros, con autovías que avanzan a paso de tortuga, y una AP1 que debería liberalizarse; con listas de espera todavía mejorables, con mejoras en dependencia o en educación, con colocar a la UBU en un lugar más elevado en los rankings universitario. El etcétera sería muy largo y de ahí quedarme solo inicialmente en tres eventos que considero fundamentales.

Y felicidades a mis antiguos compañeros de Diario de Burgos que celebran su 125 aniversario. La historia de Burgos condensada en las páginas de un periódico. En al tele, hoy día 22, comenzamos este proyecto hace ‘solo’ 20 años.


17
Mar 15

Un sueño

Fue una tarde de agosto de hace poco más de 20 años cuando San Lorenzo decidió arrojarse al vacío. La noticia corrió como la pólvora. Se había hecho trozos pero no había provocado ningún disgusto, salvo que la figura del siglo XVII tendría que ser sustituida, y fue el punto de partida de una respuesta ciudadana, institucional y empresarial sin igual.

Diario de Burgos, como en otras tantas ocasiones, cogió el testigo, comenzó a recoger miles de firmas de dentro y fuera de Burgos y de personajes destacados y patrocinó un concierto con Mike Oldfield como protagonista cuyos ingresos irían destinados a la rehabilitación de la seo, orgullo de los burgaleses, y patrimonio de la humanidad.

A Oldfield le siguió Bryam Adams, la Orquesta y Coros del Liceo y numerosas actividades culturales más. Pero donde más impactó fue en entidades de ahorro, empresas e instituciones privadas y públicas, que se han estado rascando el bolsillo en capillas, archivos, claustros… durante todos estos años, después de un Plan Director eficaz y el trabajo ímprobo del propio Cabildo Catedralicio y el aliento de los sucesivos arzobispos de Burgos.

Así, con ese impulso, ya desde la propia Catedral piensan que 2017 puede ser el año del fin de la rehabilitación integral. Hace unos días se ponía en marcha una nueva rehabilitación en la Capilla de Santa Catalina, restarían la capilla del Corpus Christi, los relieves del trasaltar y las vidrieras de la capilla de los Condestables, además de otras obras menores, para cambiar definitivamente por dentro y por fuera la imagen de nuestro emblema. A efectos prácticos tampoco estaría mal agilizar la ubicación de unos baños para las decenas de miles de turistas que cada año se acercan a Burgos con la seo como reclamo.

Cuando tanto se buscan ejemplos de colaboración público privada, el del caso de la Catedral ha sido nítido. También porque hay empresas que han sido constantes en su aportación y han participado en varias fases del proceso. Ellas son las culpables de que los visitantes se asombren cada vez que se acerquen al templo y repitan su recorrido. Y son personas que se gastan su dinero también en la ciudad de Burgos. Son más de 30 millones los invertidos en los trabajos, pero el retorno se ha multiplicado por mucho. Y la Catedral es una marca que atrae. Enhorabuena a todos los que han participado en este trabajo. Desde luego que en 2017, como bien dijo recientemente Gil Hellín, habrá que hacer una gran fiesta. Por todo lo alto.


04
Dic 12

Patrimonio señalizado

Siempre hemos admirado a Francia por su enorme patrimonio cultural, del que España no le va a la zaga, pero es que además el suyo está señalizado. Todos los bienes que forman parte del elenco de la Unesco tienen en su entorno una indicación que al menos para los viajeros que circulan cerca les hace ser consciente de que allí se encuentra un bien Patrimonio Mundial y si no es en esa ocasión, será en la siguiente o en la de más allá cuando procuren aproximarse.

En España son muy pocos los que gozan de este privilegio. Cantabria, por ejemplo, puede ser un modelo con aquellas cuevas de pinturas rupestres que se acaban de datar como las más antiguas de Europa. Aproximarse a Atapuerca, sin embargo, puede ser una aventura según y como, y porque la Catedral de Burgos lleva siete siglos levantada, sino nadie sabría en nuestras circunvalaciones que aquí, en esta tierra, se encuentra uno de los templos más sublimes del mundo.

De ahí que me sumo a la iniciativa de la Fundación Atapuerca, para la que deberá buscar aliados en el entorno y más allá, de que al menos esta lista de lugares elevada por la Unesco esté suficientemente bien marcada, no solo con indicios, sino con huellas reales en sus aproximaciones. Nuestra provincia tiene tres Patrimonios Mundiales, y otros que pueden llegar. Miles son los coches que circulan por sus carreteras. Incluso en una autovía autonómica como es la León-Burgos las únicas señalizaciones llamativas son las relativas al Camino de Santiago, a la villa de La Olmeda, y a Carrión, pero bien podría indicarse que Atapuerca está muy cerca o que el centro histórico de Burgos, si lo logra en breve, es también patrimonio universal.

Si ustedes recuerdan, cuando viaja desde Barcelona a Burgos, y tras haber pagado un peaje que es un ojo de la cara, también se hallan diferentes señales, pocas, en esta autopista, pero todas dirigen al Puerto de Bilbao y una al Guggenheim. ¿Se imaginan una señal a la altura de Zaragoza indicando que a un par de horas se encuentran con una provincia que es Patrimonio de la Humanidad? ¿Cuántos vehículos circulan diariamente por ahí? Algunos se desviarán al País Vasco, otros acabarán en Pamplona, otros por Tudela quizá bajen hacia el centro, algunos hasta Logroño, muchos atraviesan la península de este a oeste y pocos se quedan en Burgos, pero el resto de miles de ciudadanos quizá retengan en su memoria la imagen de esa autopista y se planteen en otro momento regresar, pararse, disfrutar de esta tierra y sus gentes.

Lo que no se conoce, no existe. Confío en que la Fundación Atapuerca vaya aglutinando voluntades para que como en Francia, en España también haya una conciencia cultural que sirva para que cientos de miles de viajeros gocen de su entorno porque saben donde encontrarlo.


09
May 11

Turismo, más y mejor

No es de extrañar que el debate sobre el turismo y su promoción fluya estos últimos meses en la provincia de Burgos. De hecho, este sector alcanza el 10 por ciento del PIB en Castilla y León, y en la situación económica que nos encontramos busca convertirse en un importante yacimiento de empleo. Además, en Burgos, la apertura del Museo de la Evolución Humana, supone una marca más que añadir para el impulso del mismo y da origen más si cabe a la controversia. Ocurre, sin embargo, que con el turismo parece deslizarse lo mismo que con el fútbol. A todos nos da por opinar sobre la promoción, la ciudad de los Congresos, las pernoctaciones, lo caro o barato de los hoteles, y pocos se sienten aludidos para profundizar en aquello que pueden y deben mejorar, desde los agentes implicados a los propios ciudadanos.

Hay quien ve la botella medio vacía (suelen ser los más, en este país ganan los pesimistas), otros medio llena. No sé si en el caso de los datos de turismo que afloran mensualmente preferiríamos menos visitas y más pernoctaciones, o más visitas y menos pernoctaciones. Si en vez de un millón de visitantes contáramos con dos millones, aunque se quedaran 1,6 días en la provincia de Burgos creo que nos daríamos por satisfechos, y no mantener un millón que se quedan 2,5 días. Lo mejor, claro, y a lo que todos aspiramos: los dos millones, 2,5 días entre nosotros.

Por comentar una cifra, Bilbao en 2010 tuvo 684.000 viajeros, muy por debajo del 1.028.259 con que contó Burgos y 1.281.521 pernoctaciones frente al 1.670.805 que tuvo Burgos. Y todavía son muchos a los que escucho que ojalá tuviésemos un Guggenheim olvidándose que para única la Catedral de Burgos. Sí es verdad que el Museo bilbaíno gozó de la presencia de 30.000 visitantes esta pasada Semana Santa, ganando por distancia al Museo de la Evolución burgalés y a la propia Catedral de Burgos más dedicada en esas fechas a los cultos propios que a las visitas turísticas. Pero Bilbao sí atrae mucho turista extranjero, procedentes sobre todo de Francia, Alemania y Reino Unido, además de un porcentaje importante de norteamericanos (por cierto en el Museo tendré ocasión de atender el sábado a una tour-operadora neoyorkina que espero disfrute de Burgos), que sí que nos interesaría que siguieran su ruta hacia Burgos en su entrada por España. De ahí que Bilbao nos afecte, al igual que Madrid o Barcelona, no solo para su población, sino para los millones de visitantes que tienen, que en el caso de la capital catalana alcanzan los 5 millones.

No debemos conformarnos con el que quien no llora no mama, porque si la competitividad empresarial con nuestro entorno es grande, en tiempos de bonanza y de crisis, en el caso del turismo la competencia es feroz, tremenda. No es momento para las lágrimas. Cada territorio, cada provincia, y hasta cada localidad, han visto en el potencial turístico que tiene España un nicho de mercado. Porque nuestro país, nuestra marca, es todavía uno de los primeros países en atraer viajeros, por detrás del coloso francés que vive del mítico París, de la Costa Azul, o de los castillos del Loira.

Ocurre, sin embargo, que en Francia las cadenas hoteleras sí han apostado por el turismo familiar, y muchas de ellas (no se trata de hacer publicidad) alquilan habitaciones por una noche donde una familia con dos hijos puede dormir por 40 ó 45 euros. Con lo que una semana viajando por aquel país podría costar unos 300 euros. En Burgos, en cambio, que es una de las provincias donde los precios de hoteles están más bajos y la calidad más alta, una semana, a una familia con dos hijos en dos habitaciones, el gasto le puede suponer 700 euros, más del doble que el modelo anterior, y eso solo en dormir.

Siento discrepar con las grandes cifras que se están manejando para Burgos si aspira a la Capitalidad Cultural Europea. Las grandes batallas se vencen en las pequeñas escaramuzas. Y de esas tenemos todos los días y habrá que ganarlas nos elijan o no para ser capital de 2016. Todavía hay millones de españoles que desconocen lo que puede ofrecer la provincia de Burgos, desde todas las aristas del prisma. Y millones de europeos que pueden encontrarse en esta tierra como en su casa.

Por otra parte, existen también miles de personas que viajan a través del ferrocarril y el avión;  del primero, parece que en Burgos nos hemos olvidado, y no solo por la distancia que debemos andar para llegar a la estación, sino por la poca frecuencia de sus servicios. Y del avión nos ocupamos más en enviar gente fuera que en traerla: los transportes, mejorables, sin duda.

Lo estamos haciendo, pero nos falta explotar lo excepcional que supone en muchos aspectos la provincia de Burgos. Más nos ocupamos de su patrimonio y de su uso, que del turismo en sí. Trabajo en el MEH y estoy rodeado de unos fósiles únicos en el mundo, que se intentan conservar a la temperatura y la luz requerida, pero soy consciente de que mi ocupación en el Museo se juzgará más por el número de turistas que atraiga, que por la imagen que del mismo se lleven los visitantes o la comunidad científica (aunque lo segundo logrará el aumento de lo primero). Porque es cierto que la inversión ha sido alta en todo el complejo de la Evolución Humana y ello ha de repercutir en beneficios para la propia ciudad y provincia.

Pero no solamente nos hacen excelentes y diferentes la Catedral y el Museo (que tengo mis dudas sobre la bondad o no de una entrada común, sí estoy seguro, en cambio, de que debe haber una venta global de la capital y la provincia), sino también lugares como la Cartuja o Las Huelgas, en la propia capital; o los yacimientos de Atapeurca, el Camino de Santiago, el Monasterio de Silos, las icnitas de Salas y Frías, por poner cuatro ejemplos de la provincia que también nos convierten en óptimos.

No hace muchos días, un amigo me comentó que basa sus viajes al extranjero con su familia buscando el Patrimonio de la Humanidad, y que encuentra grandes carteles en autopistas que le indican que está cerca de algún lugar con este reconocimiento. No estaría mal que en Burgos, donde sumamos tres y podemos alcanzar cuatro o cinco, si seguimos insistiendo en el Románico del Norte, en las huellas de los dinosaurios o en el casco histórico, también se señalen no solo en las circunvalaciones, sino en la distancia, para los que vengan o para que vuelvan los que pasan.

En Burgos podemos trabajar aún más por sumar esas potencialidades, que además con una buena gestión deberían convertir un Palacio de Congresos que es un auténtico coloso en un baluarte, según se puede comprobar si eres una de las personas que tienes la ocasión de visitar las obras. A ello lógicamente tenemos que sumar un medio ambiente increíble y una pujante gastronomía, y un enoturismo creciente que sumar a esta oferta. Solo nos falta la playa, pero París tampoco la tiene y cuenta con más de diez millones de turistas al año.

(Publicado en Diario de Burgos el 9 de mayo)