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Ella baila sola

Si hay dos grupos que me hubiera gustado que volvieran a las tablas serían Ella Baila Sola y, por supuesto, Mecano. Nunca perdí a ilusión por ello. Los demás, Los Secretos, La Oreja de Van Gogh, Estopa, Hombres G… por ahí siguen dando el callo entre jovenzuelos.

Ella Baila Sola ha vuelto, parece que ni ellas saben por cuánto tiempo. Retomarán sus canciones Amores de barra, Cuando los sapos bailen flamenco, Cómo repartimos los amigos… que les hicieron a Marta y Marilia ser candidatas a un Grammy Latino. A los nostálgicos nos hará todavía rememorar esos tiempos pasados que pudieron ser mejores.

De Mecano todos dicen que nunca reaparecerán. Que no será por dinero, del que todavía cobran por sus canciones, y tampoco por fama. Pero hay millones de seguidores, que han crecido con ellos y algunas de las etapas de sus vidas está marcada por la letra de sus composiciones, y todos piden un regreso triunfal como el de Simón y Garfunkel en Central Park, aunque solo fuera para un adiós definitivo. Cada uno de los tres vive bastante lejos de los otros. No se han encontrado ni para felicitarse, parece, pero Nacho no deja de intervenir en ocasiones puntuales, también José María, al que acompaña su hijo, en algunos conciertos de grupos ilustres como Maná, y Ana Torroja que no ha dejado de girar y publicar. Pero por ellos pasan los años más rápido y no hay que perder la esperanza que se decidan porque habrá quien ponga el cheque con algunos ceros.

Quien regresa también a la televisión después de unos cuantos años –que ha estado dedicado a la música y a la producción detrás de las cámaras- es Emilio Aragón, por qué no, debió preguntarse si lograba audiencias millonarias. Un canal privado le ha ofrecido un programa para mostrar la Banda Sonora Original de nuestras vidas (BSO) y ya está grabando. Habrá que verlo. Echo de menos el de Bosé con Séptimo de Caballería.

Todavía son respetados los que peinan canas, porque Serrat o Perales a los que la pandemia frenó un montón de conciertos, siempre cuelgan el ‘No hay entradas’. O Sabina, o el jefe Bruce y su banda, del que constantemente se quiere verle en el escenario y aún más tras crear ‘Letter to you’ además su posible candidatura al premio Princesa de las Artes en una tierra que le quiere y donde siempre que puede acude.

Ahora que va subiendo la edad media para que te llamen joven. ¿Se imaginan hace cuarenta años que se dijera a uno de cincuenta que era joven? Actualmente ocurre con toda normalidad. Y así nos va como nos va. Que se cree que cada uno puede hacer lo que quiera y aunque lleve horas de gimnasio o elíptica a sus espaldas su cuerpo no es lo mismo.

Pero bien hallado sea el regreso de Ella Baila Sola. Particularmente estoy encantado. A Marilia ya la vi no hace mucho cuando vino al MEH y su voz sigue siendo fabulosa.

 

Más de cien mentiras

Unos cuantos lectores de esta Página Par me han preguntado quién era Nina Simone, otros ya habían calculado la edad del columnista basándose en sus gustos musicales, ciertamente son los de toda una generación. Como algunos de los políticos que dirigen nuestras vidas uno es bastante previsible, aunque también es cierto que eso no es incompatible con intentar ser un forofo de la innovación y las buenas ideas, que son las necesarias en los momentos de penuria económica para salir adelante.
Genios parece evidente que no hay muchos para admirar, aunque si volvemos a la música, también soy un enamorado de la mayoría de las letras de Joaquín Sabina, porque también dan razones para seguir viviendo, y no desde luego superficiales y nimias. “Más de cien palabras, más de cien motivos  para no cortarse de un tajo las venas,  más de cien pupilas donde vernos vivos,  más de cien mentiras que valen la pena”.
A buen seguro que la mayoría de ustedes coinciden con ello, con que: “Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares,  tenemos la duda, y la fe, sumo y sigo,  
tenemos moteles, garitos, altares.  Tenemos urgencias, amores que matan,  tenemos silencio, tabaco, razones;  tenemos Venecia, tenemos Manhattan,  tenemos cenizas de revoluciones”.  
 
A pesar de eso, de las cien mentiras de Sabina, todavía nos deben faltar aún más razones, porque parece que gran parte de la sociedad se ha anestesiado o adormecido y del 15 M, por señalar un ejemplo, o los diferentes movimientos sociales que emergieron por el planeta, no parece haber quedado nada, salvo algunos soñadores o determinados grupos en las redes sociales que todavía se mantienen vivos merced a la ilusión de unos cuantos.
La economía ha golpeado y duro. Nos hemos vuelto más individualistas, aunque paradójicamente la generosidad con algunas ONG también se ha multiplicado. Sin embargo, hay también aspectos positivos que nos ha traído la crisis y es que parece que va a acabar con la cultura del derroche en las personas y en las instituciones y quizá ponga más la imaginación a trabajar, y por fin esos jóvenes sobradamente preparados puede que si se arriesgan tengan posibilidades para crecer. No deberíamos mirar tanto a los políticos sino ponernos en marcha una sociedad civil que supera con creces la capacidad de muchos de nuestros gobernantes (hay otros que merecen la pena pero a veces sus propuestas son aplazadas).
Pero en todo este enjambre también surgen optimistas por convicción que buscan todos los días motivos para celebrar, o personas encantadasp por su profesión (en el Museo de la Evolución estoy rodeado de ellas, desde los monitores del propio centro a los guías de Atapuerca) que pese a la precariedad de muchos de sus trabajos, cada día se presentan como si comenzaran de nuevo, o padres de familia que intentan como pueden que sus hijos no crezcan con las mismas dificultades que ellos tuvieron.

Y como dice Sabina: “Tenemos proyectos que se marchitaron, crímenes perfectos que no cometimos, retratos de novias que nos olvidaron y un alma en oferta que nunca vendimos”.  Todavía hay tiempo para la esperanza.